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Crocodiles, “Crimes Of Passion” (Zoo Music, 2013)

Autor:  | Google+ | @curtillo

Crocodiles-Crimes-Of-Passion

Hay que reconocer que lo de subirse al carro de The Jesus & Mary Chain está de lo más sobado. Vale que la banda de Glasgow logró dar con un sonido nuevo y que tienen una colección de canciones brillante, pero alguien debería parar esto. Eso sí, que lo hagan después de que este álbum de Crocodiles se lleve el reconocimiento que se merece. Los de San Diego –ahora viven a caballo entre Nueva York y Londres– han conseguido hacer, con los ingredientes de siempre, un disco excelente. De hecho, resulta curioso comprobar cómo su carrera mejora con cada disco que sacan (siendo sinceros, su primer trabajo sólo tenía una buena canción, la deliciosa I Wanna Kill). Como sigan así, no sé hasta dónde van a llegar.

Crimes Of Passion” empieza acordándose de Primal Scream con I Like in the Dark, en la que meten un coro femenino y un piano de lo más soul. Eso sí, la suciedad de las guitarras no se la quita nadie. Pero es sólo un espejismo, ya que estamos ante un disco absolutamente pop. La producción de Sune Rose Wagner (líder de The Raveonettes) incide en sacar al popero que llevan dentro, y consigue que nos dejen un disco lleno de estribillos y melodías memorables. Empiezan por esa oda al “Automatic” que es Marquis de Sade, y terminan en corte limpio llamado Un Chant d’Amour, que cierra el álbum. Una vez más, no se cortan en imitar a los hermanos Reid, y una buena muestra es el primer single. Cockroach es el típico tema con buena dosis de chulería y un ritmo endiablado. Además, meten un teclado maravilloso con el que se ganan el cielo. Será una imitación de los Jesus, pero, sin duda alguna, es de la mejores canciones de los últimos años. Lo siguiente que nos ofrecen son dos dardos de pop envenado como Heavy Metal Clouds y Teardrop Guitar (“I wanna see you cry”, canta en la segunda), donde vuelven a demostrar que lo suyo es este tipo de melodías.

Si hay un tema que sobresale en este trabajo, ese es She Splits Me Up. Es un corte en el que abren su corazoncito y nos dejan un precioso tema de pop, donde una guitarra de lo más limpia es la absoluta protagonista. También es donde más se nota la mano de Sune Rose Wagner, ya que ese toque absolutamente sixties recuerda mucho a las composiciones de los daneses. Es una  absoluta delicia y, aunque debe de haber seis millones de canciones del mismo palo, consiguen emocionarnos.

Aunque el mejor corte del álbum quizá sea el sexto, el disco no baja el nivel en ningún momento. El siguiente tema, Me and My Machine, es una canción un tanto oscurilla, pero que tiene un ápice de claridad que recuerda a las composiciones más pop de Echo & The Bunnymen. Una vez más, lo bordan. Al igual que en la acelerada Gimme Some Annihilation, donde sacan toda la suciedad de las guitarras y dejan que el estribillo se lleve el mérito de la canción, demostrando que, incluso en los temas más duros, es el pop el que manda. Y si hablamos de pop, hay que prestar especial atención a Virgin, más que nada porque es el estribillo más acertado de todo el disco y uno de los grandes de su carrera. Sorprende ver cómo consiguen hacer con toda la facilidad del mundo algo que no lograron el 80% de los grupos de los noventa.

Una caja de ritmos, una guitarra, y una preciosa melodía. No les hace falta más para acabar el disco con una canción delicada, que poco tiene que ver con el resto del álbum. Como bien dice el título, es Un Chant d’Amour (no sabemos si estará dedicada a Dee Dee, la líder de Dum Dum Girls y novia del cantante, a la que ya le dedicó aquella estupenda No Black Clouds For Dee Dee de su anterior trabajo). Es una buena forma de terminar un álbum que les ha quedado redondo. El mejor de su carrera, sin duda.

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