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Courtney Barnett, Sometimes I Sit and Think, and Sometimes I Just Sit (Popstock, 2015)

Autor:  | Google+ | @curtillo

courtney barnett

Courtney Barnett tiene todas las papeletas para convertirse en la reina del indie-rock de nuestros días. Ya apuntaba a ello en los dos EPs que editó en 2013, y ahora lo podemos certificar con el que, oficialmente, es su álbum de debut. En “Sometimes I Sit and Think, and Sometimes I Just Sit”, la australiana ha sabido utilizar como nadie las influencias del rock de los noventa, y crear con ellas una colección de canciones digna de los mejores artistas de aquellos años. Además, su disco suena fresco y actual, aunque los ingredientes principales sean de hace 25 años.

Bartnett va directa al grano desde el principio. El rock simple, pero efectivo, de ‘Elevator Operator’, con esa batería potente y cortante, es de los que enganchan a la primera escucha, y con él ya pone al oyente en guardia. Para colmo, el siguiente corte que nos encontramos es ‘Pedestrian at Best’, uno de los singles del año y todo un himno de indie-rock crudo y contundente. Este comienzo impecable se complementa con el indie-rock inteligente de ‘An Ilustration of Loneliness (Sleepless in New York)’ y el rock cercano al blues de ‘Small Poppies’, con la que demuestra que es capaz de moverse bien en terrenos más clásicos.

Casi todo el disco está a gran altura, pero hay una canción que destaca sobre el resto. Es ‘Depreston’, una delicada balada en clave folk, en la que nos cuenta la aburrida vida en las afueras de las grandes ciudades. Aquí Barnett sabe cómo emocionarnos con unas guitarras limpias y su peculiar forma de cantar, tan perezosa, que le viene como anillo al dedo a la historia que quiera contar. Tras ella, vuelve a poner la directa y se saca de la manga cuatro hits seguidos del mejor indie-rock (bueno, también tiene su corazoncito pop en alguno de estos cortes). Sólo hay que escuchar ‘Debbie Downer’, con ese órgano juguetón, para darse cuenta de que los R.E.M. de “Green” son otra de sus muchas influencias. Pero ella es una rockera, y en ‘Aqua Profunda!’, ‘Dead Fox’, y ‘Nobody  Really Cares If You Don’t Go to the Party’ está que se sale con sus guitarras de aire noventero y su facilidad para dar con un estribillo redondo.

Para el final se ha dejado los temas más diferentes, esos que casan menos con el indie-rock que planea por todo el álbum; y es donde nos da una de cal y otra de arena. Está muy acertada en ‘Kim’s Caravan’, un canción de casi siete minutos en la que está más cercana al slowcore que al indie-rock. Además, la termina a lo grande con una buena descarga de guitarras eléctricas. Sin embargo, ‘Boxing Day Blues’, el tema que cierra el disco con tan solo una guitarra acústica y su voz, le ha quedado un tanto soso y aburrido. Es la única pega que se le puede poner a un disco casi perfecto.

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