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Colorama, Temari (Aed 2014)

Autor: | @sergiomiro

colorama_temari

Una pequeña búsqueda en Internet mientras digería el nuevo disco de Colorama para escribir esta reseña, me reveló que son muy pocos los medios “relevantes” que se han ocupado del proyecto de Carwyn Ellis. Cuesta encontrar críticas –ni buenas ni malas- sobre este Temari, lo cual me lleva a plantearme una vez más lo obtuso que puede llegar a ser el panorama mediático actual, capaz de crear un hype con cualquier artista tontuno que solo tiene una maqueta al tiempo que ignora pequeñas joyitas pop como esta.

Y eso que por medio anda el respetado y respetable Edwyn Collins, quien repite como productor con ellos para ayudar a crear la cantidad de matices sonoros que requiere un proyecto como este, donde el salto estilístico entre cada canción forma parte casi del discurso que se quiere transmitir.

Carwyn Ellis es todo un talento como compositor e interprete, y su voz guarda grandes similitudes con las de Neil Hannon. Esto es especialmente evidente en Don´t be mean, reminiscente de los temas más clásicos y accesibles de The Divine Comedy; o en el intenso cierre de Time folks. que recuerda al reivindicable Regeneration (2000) que los de Hannon hicieron junto a Nigel Godrich.

Los temas de pop “a lo Teenage Fun Club dopado” que abren el disco pueden parecer demasiado pulcros, si bien con las escuchas se revela la belleza de sus melodías y lo preciso de sus arreglos (ahora no puede sonar Paraglide sin que me muera de ganas de que llegue el momento del solo de flauta, mientras que el piano descendiente que marca la personalidad de Love entropy es como si hubiese estado entre nosotros toda la vida).

Super Yoshida es la marcianaza del disco, pero con mucho encanto, casi como si sus compatriotas de Super Furry Animals hubieran hecho la banda sonora de un videojuego.

También hay temas como Thing, un trallazo de funk contenido al puro estilo del Stevie Wonder de la buena época,;o piezas más marchosas como Forget tomorrow o Too much data, donde Colorama delatan su fijación setentera.

Colorama son, efectivamente, puro color. Como en aquellos viejos surtidos de rotuladores Carioca, cada oyente escogerá cuáles son los colores que prefiere, y hasta natural resultará que algunos colores acaben absolutamente gastados de tanto uso mientras que otros raramente abandonen el paquete.

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