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Coldplay, Ghost stories (Parlophone 2014)

Autor: | @sergiomiro

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¿Qué cabía esperar del “disco de divorcio de Coldplay”? Ciertamente nos hubiesen sorprendido si se hubiesen sacado de la manga una serie de dolientes exploraciones del dolor y la ausencia en la línea de Blood on the tracks (1975), Shoot out the lights (1982) Heartbreaker (2000) y demás discos-canon del subgénero de las rupturas sentimentales.

No: Coldplay han hecho carrera del llanto amplificado, y ahora que la vida de Chris Martin le da razones reales para la autocompasión (el disco fue creado durante el proceso de ruptura con su flamante y hollywoodiense esposa, Gwyneth Paltrow), cabía esperar que Ghost stories fuese una sucesión de lamentaciones sin excesiva ambición de trascender más allá de la emoción fácil.

Admito que esa conclusión ya la tenía bien asumida desde antes de prestar el mínimo de atención al disco, y corroborada desde que se pudo escuchar el single de adelanto, una no-canción llamada Midnight que sonaba como si Bon Iver estuviera atrapado en la espiral de un sumidero. Mi espíritu curioso (aún son la banda de pop más importante del mundo, al fin y al cabo) me llevó a ver el especial en directo que acompañó al lanzamiento del disco, tan solo para comprobar cómo, a pesar de la fuerza de la realización y la dirección de arte, las nuevas canciones lastraban el impacto de un repertorio que hasta ahora siempre funcionaba en directo.

Ahí decidí aparcar para siempre mi posible relación con este nuevo disco de Coldplay, pero mis planes se vieron alterados cuando desde “Casa Indienauta” deslizaron en mis manos una copia, animándome a que escribiera algo sobre el asunto. Como cualquier desafío es bueno si viene de los responsables de esta web, luché contra el sopor que me produjeron las primeras escuchas, y contra la dificultad de encontrar el sello distintivo que separaba entre sí algunas de estas canciones de pulso mortecino.

Fue entonces, a partir de la escucha forzada (¿quién hace eso hoy en día?) que fui encontrando algo de honestidad en algunas de las piezas que componen el disco; fue ahí como comprobé que esta transformación mínimal, dejaba algún que otro vestigio de humanidad y clase en algunos arreglos (tan solo por el solo de guitarra disonante de True love, el guitarrista Jonny Buckland justificó su sueldo); tuve que admitir que las atmósferas de Oceans están bien logradas (su diálogo entre sección orquestal y guitarras acústicas es realmente un sello de buen gusto); demonios, hasta cogí cariño a la Midnight esa de marras, sobre todo si se escucha con cascos y en el momento adecuado (lo cual sigue convirtiéndola en una extrañísima canción para haber sido usada como un avance que casi todo el mundo iba a escuchar a través de youtube en las columnitas de sus ordenadores y tabletas).

Sigo sin tener claro el valor de piezas como Another´s arms (una versión sin vitaminas del Mercy street de Peter Gabriel) o de la horrenda Ink;, pero ya puedo concebir en mi mente a Ghost stories como un disco que cumple un propósito concreto en la carrera de Coldplay, y no como el simple certificado de defunción que aparentaba ser al principio.

Probablemente pase el tiempo y este trabajo acabe encontrando su sitio en la discografía de la banda. Lo que se puede asegurar es que, incluso a pesar de la sensación agradable que puedan provocar, casi ninguna de estas canciones será recordada o tarareada ni siquiera por el más voluntarioso de los fans.

Tan solo dos canciones nacen con vocación de perpetuar el legado de los de Martin en el imaginario colectivo: Magic (que viene a ser la respuesta al Madness de Muse, una canción que Martin admitió amar en su momento) y A sky full of stars, o lo que viene a ser lo mismo, la entrada de Coldplay en el mundo dance de AVICII, quien usó todos sus trucos en la producción a pesar de que el resultado no casase en absoluto con el resto del disco, o quizás como movimiento consciente para hacer eso “tan de Coldplay” de ofrecer un halo de luz ante cualquier revés que nos planteé la vida. A la gente le encanta ese tipo de argumento tan de postal. Por eso son enormes, y por eso, a pesar de mis creencias iniciales, lo van a seguir siendo.

 

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