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CocoRosie “Tales of a grasswidow” (City Slang, 2013)

Autor: | @sergiomiro

cocorosietales

A uno le impresiona que CocoRosie hayan llegado hasta estas alturas del juego en buen estado de salud artístico y comercial. Al principio podían parecer una rareza que daba un punto de color a la por entonces floreciente escena freak folk, pero se fueron sucediendo los discos y las hermanas Sierra y Blanca Casady, lejos de agotar su excéntrica fórmula, han ido puliendo su sonido. En su quinto disco han reducido hasta la mínima expresión sus facetas más caprichosas e irritantes, dando forma a la que tal vez sea su colección de canciones mejor enfocada hasta la fecha.

Parte del mérito podemos dárselo al productor Valgeir Sigurösson, célebre por colaborar con otros raritos de la clase como Sigur Ros, Nico Muhly o la propia Björk, a cuyo sonido se llegan a acercar más que nunca en más de una pieza de este trabajo.

Más accesibles que antes, quizás, pero siguen siendo lo que apuntaron a ser desde el principio: un punto de encuentro imposible entre Joanna Newsom, Edith Piaf, Björk, Maria Callas y Antony. El propio Antony se precia de estar entre sus mejores aliados y máximos admiradores (llegó a escribir una airada carta al director de Pitchfork, quejándose por una crítica poco aduladora al anterior disco de las hermanas, y subrayando que “Cocorosie son un par de americanas visionarias que están haciendo que el diálogo evolucione hacia nuevo caminos”). Aquí vuelve a dejar su angelical voz en dos canciones y nos vuelve a hacer pensar que algún día deberían formar un trío artístico oficial (Tears for animals y Poison, los dos temas en cuestión, me parecen más emocionantes que casi todo lo que ha publicado Antony en sus últimos discos).

Al embobarnos con la delicadeza de las voces operísticas de Sierra, o con la traviesa vocalización de Blanca, podemos llegar a obviar que el disco en realidad, aborda una serie de temas que en otro tipo de manos menos delicadas darían de sí un material muy sórdido: el diálogo entre una mujer joven y una anciana que tal vez podría tratarse de la misma persona en Gravediggers, las voces de la ultratumba en Harmless monster, o el matrimonio entre mayores y niñas en la fantástica Child Bride, reciente single. Todo ello, por suerte, goza de la poética rarificada marca de la casa.

Tan solo se les escapan las riendas del disco como trabajo pop en alguna pieza más abstracta como Far away o en esos dos minutos y medio de pseudo new age que son Broken chariot (donde llegan a recordar aquellos infames experimentos con voces de nativos indios americanos o con cantos gregorianos).

 

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