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Coach Station Reunion, “Lost Album” (Discos de Kirlian, 2013)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

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Hacer la crítica del Lost Album, el debut en largo de Coach Station Reunion cortesía de Discos de Kirlian, o lo que es lo mismo, la nueva aventura de Xavi RosésFred i Son, Senderos, The Epic Kind-, justo ahora que arrancamos el 2014 y las “listas de lo mejor del año” han quedado atrás es casi un contrasentido, una paradoja. No solo porque para quien escribe este es uno de los mejores álbumes publicados en 2013. Sino porque uno sabe que es uno de esos escasos trabajos al margen de hypes, tendencias de “temporada”, discos de “consumo” inmediato y pelotazos efímeros made in “tengo que ser cool”. A diferencia de estos, Lost Album resistirá a ese implacable juez que es el paso del tiempo.

Y lo hará “empujado” por sus propios méritos. Contrata a James Murphy, Danger Mouse o a cualquier otro productor en boga. Haz que Pharrell Williams o Justin Timberlake salgan en tu vídeo. O desnúdate todo lo que puedas. Promociona tu esperadísimo disco con la campaña más extenuante de la historia -la llamas viral y disimula-. Da igual. Mal que le pese a las agencias de publicidad disfrazadas de discográfica algo en esos dos, tres o siete minutos tendrás que ofrecer, sino solo vendes “humo”. Xavi Rosés, en cambio, “ofrece” canciones, sin trampa ni cartón. Otros no pueden decir lo mismo.

Y es que pones el disco, empieza a sonar la preciosa Let’s Move on out of Here y para cuando el tema se desvanece entre sus cristalinas guitarras ya sabes que te encuentras ante algo especial. Ya sea esa percusión distante en Rainy Days/Hazy Days, la ficticia alegría de Feelin’ Blue, o los apabullantes dos minutos de I’ve Been here Before, aquí hay algo que hace “click” dentro del oyente. Una invitación a detenerse, olvidar al superficial resto del mundo durante 45 minutos y relajarse con la pasmosa quietud que transmite cada una de sus dieciséis piezas, mientras uno se adentra en su sabiduría y calidez pop.

Grato placer rebuscar a viejos conocidos -a prueba de modas- entre los surcos de Lost Album, un inesperado homenaje a Ben Watt y su inseparable Tracey Thorn -versión Marine Girls-, Paddy MacAloonPrefab Sprout-, Roddy FrameAztec Camera-, The Field Mice, o nuestros queridos noruegos Eirik y ErlendKings of Convenience-, así como a cualquier músico que haya empuñado una guitarra acústica para transformar la melancolía en pop ensoñador y confesional. Ese parido para disfrutar en solitario, a escondidas del mundanal ruido. Y es que Lost Album no es exactamente un disco. Es un estado emocional. Dieciséis abrazos en forma de canción.

De tan cohesivo y homogéneo, tanto en su estilo como sobre todo en su alcance, la obra de Rosés es más una colección de momentos que de canciones, por lo que resulta complicado decantarse por alguna pieza en concreto. Es mejor dejarse llevar, cuando no sorprender, por las sensaciones que provocan en uno instantes como el impulso que adquiere Winter Coat a mitad del tema, los chasquidos en A Shape of Light, la sensual cadencia de In the Night, o los tremendos estribillos de la irresistible Johnny Cash o Trains, tan sencilla como desarmante -otra vez ni dos minutos para noquearte-. Apuesto a que si le prestan la atención que Lost Album merece ustedes también encontrarán los suyos. Aquí hay melodías, guitarras, frases y emociones para todos. Ahora la decisión es solo suya.

 

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