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Charlie Boyer and the Voyeurs, Clarietta (Heavenly, 2013)

Autor: | @sergiomiro

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Charlie Boyer tenía un sueño: conjuntar sus maneras vocales y melódicas a lo Tom Verlaine (algo que, lejos de ocultar, parece querer evidenciar de manera conciente en cada una de sus interpretaciones) con una base instrumental que invocase la psicodelia proto-punk de The Velvet Underground.

Eso es justamente lo que ha conseguido con su proyecto junto a The Voyeurs, una de esas bandas de acompañamiento destinadas a fusionarse de por vida con el imaginario musical de su líder. Guitarras rabiosas, base rítmica lo suficientemente deslavazada sin perder contundencia, y un omnipresente órgano que le da el encanto “Nuggets” al cocktail.

De influencias va la cosa en el debut de estos británicos. Raramente encontraréis alguna referencia a ellos en la prensa internacional que no haga alusión a la palabra pastiche o que no ponga por delante que el crítico o bloguero en cuestión ha sido capaz de detectar todos y cada uno de los artistas emulados en el disco.

Uno si quiere puede entretenerse con ese juego de agudeza auditiva y de cultura musical en materia de rock setentero (porque casi todo a lo que evocan CB&TV se queda en esa época), pero lo más importante es lo bien que encaja en el contexto actual. Parte del mérito ha de ser atribuido al talento de Charlie Boyer para redondear una buena composición con riffs emblemáticos, melodías rebosantes de fresco descaro, y estribillos para ser  coreados a grito pelado.

Hay canciones notables por todos los lados, desde la urgente Things we be que abre el disco, el rock pesado -casi stoner de Clarinet, el aire desenfadado al estilo Supergrass en el tema que da título al disco;  o el punto glam de la adecuadamente titulada Be glamorous. Todo esto queda rematado en la que muchos consideran la joya de la corona: I watch you, el single con el que terminaron de convencer a los capos de Heavenly Recordings.

Como co-responsable importante de que este hype tenga lo que hay que tener para perdurar en el tiempo y en nuestros oídos, está el incomparable Edwyn Collins, quien se encarga con su producción de garantizar energía y un sonido impecable en el que destacan unas guitarras de las que seducen con su crudeza y contundencia.

 

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