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CHARLI XCX, True Romance (Atlantic, 2013)

Autor: | @sergiomiro

charlixcx

La industria discográfica puede estar agonizando, pero aún es capaz de vez en cuando de hacer sus deberes y sacarse de la manga un producto de esos que responden con calculada precisión al zeitgeist, al termómetro de tendencias, o a cualquier indicativo que queramos usar para intentar adivinar lo que “va a molar” al personal durante los próximos meses.

Con eso no quiero decir que Charlotte Emma Aitchison carezca de autenticidad. Precisamente, en la combinación mágica para fabricar ídolos pop contemporáneos está el dejarles el suficiente espacio para lucir sus extravagantes personalidades, para autoafirmarse como creadores, y para que luego lo tuiteén o lo instagramen al mundo con desparpajo.

Por detrás, claro, hay alguien ocupándose de que los productores y compositores adecuados terminen de dar forma a las ideas de la estrella, y de manejar los tiempos para que el público no se encuentre un producto a medio formar (por eso este True romance se ha hecho esperar tantos meses después de que Charli consiguiera hacer ruido con sus singles y mixtapes previos, y por eso el disco que grabó en 2008, cuando apenas contaba con 14 años, se retiró de circulación sin haber tenido oportunidad apenas de asomarse al mercado).

Finalmente, aquí está el debut en largo, y esta chica ultra-pop de corazoncito gótico es ya una estrella que goza del respeto tanto de las radiofórmulas como de la realeza indie (los de Pitchfork no han dudado en darle su bendición). Vamos, que tiene tanto de Lady Gaga, como de Grimes o Santogold.

Incluso cuenta con su primer número uno, aunque haya tenido que ser en una colaboración en disco ajeno, el omipresente y “nancyrubieado” I love it.

Charli XCX está de moda y lo sabe, como dice en la adictiva You (Ha ha ha): “éramos los más cool / tú eras de la vieja escuela y yo estaba metida en toda la mueva mierda”; por no hablar de la referencia en So far away, reivindicando lo que los blogs supuestamente dicen de ella: “Vas a amar a esta estrella, que además salió de los clubs”.

Las buenas noticias son que True romance da sopas con onda a cualquier larga duración de las usuales aspirantes a Madonna. La producción (dividida entre varios responsables, con peso destacado de Ariel Rechsthaid) encaja en la escena actual sin llegar a sonar en ningún momento desesperada por estar al día, y más allá de los singles que ya hubiéramos podido escuchar de ella, el disco va sembrando canciones notables a lo largo de todo el recorrido, evitando ese mal endémico de concentrar los cuatro bombazos al principio y luego languidecer hasta perder el interés del oyente.

 

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