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Cayucas, Dancing at the blue lagoon (Secretly Canadian 2015)

Autor: | @sergiomiro

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Si Cayucas siguen por esta senda, estarán condenados a que todos sus discos vean la luz en pleno verano. De hecho, quien les escribe se apresuró a entregar esta reseña a “Papá Indienauta” con el objeto de que no pasase agosto sin que diéramos buena cuenta de la segunda entrega en larga duración de la banda de los hermanos Yudin.

Una vez más, se confirman como la alternativa hipster a Georgie Dann, con unos sonidos que reflejan de manera directa los sonidos de la California que les vio crecer. De hecho, este Dancing at the blue lagoon, con sus elaboradas orquestaciones, sus melodías entre la euforia colorista y la nostalgia, y sus cada vez más convencidas armonías vocales (sobre todo en el interludio de A shadow in the dark) les acercan bastante a la idea que un veinteañero de hoy en día podría tener de los Beach Boys (aunque, muy a pesar de ellos, esos mismos elementos también acentuarán las comparaciones con Vampire Weekend que llevan arrastrando desde los comienzos).

Esa nueva sofisticación en la producción y en los arreglos es justo lo que diferencia este segundo trabajo de su disco homónimo de debut. En aquella ocasión contaron con el gran Richard Swift supervisando y haciéndose cargo prácticamente de todo (de ahí que la banda en directo a veces pudiera resultar un poco decepcionante al mostrarse incapaz de recrear la energía y el encanto lo-fi de lo registrado por Swift). Incompatibilidades de agenda hicieron que tuvieran que buscar otro productor, papel que recayó en Ryan Hadlock (The Lumineers, Ra Ra Riot). La implicación de la banda como músicos ha sido mayor en esta ocasión, si bien Hadlock les llevó al lado opuesto de lo que habían ofrecido anteriormente, limpiando muchísimo el sonido, y añadiendo la mencionada acumulación de instrumentos.

Algo de la inocencia y frescura inicial se ha perdido por el camino, pero siguen siendo una banda muy divertida de escuchar mientras nos relajamos en una tumbona con una bebida tropical en la mano. El reto para el futuro puede estar en dejar de ser simplemente entretenidos para ofrecer también algo de la trascendencia que sí tienen muchas de las bandas con las que tan justamente se les compara.

 

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