Publicidad

Carlos Siles, “Todos mis caminos han terminado contigo” (Autoeditado 2017)

Autor: | @sergiomiro

A Carlos Siles podemos darle ese calificativo tan recurrente de “artesano de la canción”. No es sólo porque resulte la manera más sencilla de definir el mimo que pone en cada una de sus estrofas, de poética aparentemente sencilla pero potencialmente desgarradora. Es que también hay oficio artesano en la construcción de sus discos, en la importancia que le da a cada uno de los aspectos que conforman el producto final, desde la grabación hasta las partes más físicas y tangibles.

Si ya desde su debut contó con colaboraciones de solera que le otorgaban los galones que a lo mejor no le correspondían por lo corto de su recorrido, en su tercer disco ha dado un salto importante que salta a la vista y al oído.

La vista se nos alegra con un formato de libro-disco de tamaño similar a un viejo single de 45rpm, y con 52 páginas de papel reciclado donde, además de las letras y de información de la grabación, podemos disfrutar del trabajo de la fotógrafa madrileña Laura C. Vela (ganadora de la beca Blanckpaper 2015). Son imágenes de penumbra y de soledad, tremendamente evocativas y que, hayan sido creadas con estas canciones en mente o no, encajan perfectamente en el universo que propone Carlos Siles. Muchas de las fotos vienen acompañadas de frases que, fuera del contexto de las composiciones de las que son extraídas, cobran vida propia y casi inseparable de la mirada de Vela.

En cuanto al oído, tiene mucho que disfrutar en un disco que, pese a abrirse con una canción que se llama Abril, se antoja ideal para los momentos más fríos y reflexivos del año (no en vano, en esa misma pieza nos encontramos con el verso “Es el invierno el que leva tu nombre”). El sonido, impecable, férreo y desnudo, se beneficia de la producción de Txarlie Solano, quien incide en las tendencias acústicas de Siles (predominancia de pianos y guitarras) combinando la previsible dulzura, también aparente en su voz, con una sibilina daga emocional que se nos puede clavar a poco que nos despistemos.. Ese aviso de tormenta termina por materializarse con toda su fiereza en El gran boxeador, una excepción eléctrica que airea el disco con la colaboración de Julio de la Rosa en las voces.

Valoración: 6,5

To Top