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Caliza, “Mar de cristal” (Grabaciones Gramofónicas 2018)

Autor: | @sergiomiro

Elisa Pérez continúa su escalada como una de las figuras más relevantes de la escena independiente madrileña. Al margen de su faceta de artista plástica, en lo musical comenzó a destacar como carismática baterista de Rusos Blancos y Cosmen Adelaida. Si queríamos tener una imagen mental de esa tristemente escasa figura que es la baterista femenina en el indie, ella era el referente más inmediato.

Precisamente, una canción como Dormancia, destacada composición dentro del muy reivindicable La Foto Fantasma (2014), de los Cosmen, nos indicaba que a Elisa había también que tenerla muy en cuenta como compositora y como cantante. Y eso es lo que ha tomado plena forma en su cada vez más consolidado proyecto en solitario bajo el nombre de Caliza. Un debut muy, pero que muy casero llamado Medianoche / Mediodía (grabado con el GarageBand, nada menos) empezó a hacer algo de ruido, pero Mar de Cristal sube bastante la apuesta, sin tener por ello que salir del sonido sintético y alérgico a virtuosismos con el que Elisa se las basta para llamar nuestra atención.

Este segundo disco cuenta con más medios, sin pasarnos, merced de un programa de residencia artística en Matadero Madrid, donde se hicieron muchas de las grabaciones, la colaboración esporádica de varios músicos de la escena que acompañan sin estridencias a los teclados y las programaciones de Elisa, y la guinda técnica del productor y DJ británico David Harrow.

La bienvenida casi anecdótica de la instrumental Himno de Italia no termina de prepararnos para el consiguiente conjunto de composiciones que se debaten entre lo liviano y lo trascendental. “Esto es lo que tengo que hacer / y si no lo hago, moriré”, nos advierte Elisa en Call of Duty, desde la tranquilidad de que su “arte por el arte” tiene el encanto y el atractivo suficiente como para encontrar a cada vez más gente que lo disfrute.

La cosa se pone más atmosférica en piezas como Esplendor, donde hablar de amor “en todo su esplendor se convierte en una experiencia casi mística. La hipnosis generada a golpe de repetición en Mil Piedras y el punto discotequero machacón en Apaño se convierten en los puntos de mayor gancho de un disco repleto de ambientes e ideas. Para el final queda una preciosa Río Arriba, donde Elisa se pone a prueba como compositora sacando una canción perfectamente pop a partir de las reflexiones más célebres de Heráclito.

 

Valoración: 7,8

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