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Business of Dreams, “Ripe for Anarchy” (Slumberland, 2019)

Autor:  | Google+ | @curtillo

Suponemos que, en pleno 2019, no es lo más habitual y sensato hacer música que bebe de bandas como The Field Mice, The Go-Betweens o Felt, pero siempre habrá un aventurero, o una aventurera, que se atreva a desempolvar esas influencias. Y, por supuesto, una pequeña porción de público dispuesto a escucharlo. En el que, por cierto, nos incluimos.

Como ya os comentábamos hace unos días, Business of Dreams es el proyecto de Corey Cunningham, un músico que había formado parte de Terry Malts y Magic Bullets, dos de nuestras bandas favoritas de la zona de San Francisco. Pero algunas circunstancias familiares le obligaron a dejar la ciudad y volver a su Tenessee natal. Allí formó esta banda hace ya unos años, con la que publicó un interesante debut en 2017, y con la que ahora vuelve con un segundo álbum. Estamos ante un salto importante en su música, que pasa de un synth-pop algo oscuro y frío, a un pop de lo más luminoso.

Ripe for Anarchy” es uno de esos discos en el que todas las canciones tienen algo. Su sonido, como ya comentábamos más arriba, es perfectamente reconocible, pero no por eso es descartable de buenas a primeras. Todo lo contrario: es como una de esas películas de John Hughes que puedes ver una y otra vez sin cansarte. De hecho, algunas de sus canciones, no desentonarían en películas como “Pretty in Pink” o “Sixteen Candles”. Ahí está ‘Don’t Let Our Time Expire’, la única balada del disco, que bien podría haber servido para una escena en la que Molly Ringwald lidia con los amores de juventud. Pero estamos ante algo más que un mero ejercicio de nostalgia: aquí hay buenas canciones.

Chasing That Feeling’, ‘My Old Town’, ‘N.R.E.A.M.’ o ‘La La La La’… da igual que canción elijáis, todas funciona a la perfección como single. Cunningham tiene un talento especial para dar con lo mejor del pop, y sus melodías y estribillos son los que se quedan en el subconsciente a las primeras de cambio. Y si encima se pone ensoñador y nostálgico, es capaz de dar con un par de temas como ‘Ripe for Anarchy’ y ‘Naive Scenes’, que son una autentica delicia. Pero ojo, que todavía hay más, y el disco acaba a lo grande y con sonidos un tanto más potentes. ‘Keep the Blues Away’, el que, oficialmente, es el single, tiene un tono más oscuro y electrónico, pero igualmente disfrutable. Es más, entra sin problemas entre lo mejor del álbum.

Valoración: 8,2

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