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Burrito Panza, Una familia desestructurada (El Genio Equivocado, 2014)

Autor: | @sergiomiro

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Si la “familia desestructurada” a la que alude el título del segundo disco de Burrito Panza se refiere a la que parte del árbol genealógico del rock albaceteño tras la ruptura de Surfin´Bichos, casi conviene alegrarse, ya que cada una de las ramas que salen de ese tronco totémico está ganando entidad propia y dándonos sobradas alegrías en sus correspondientes caminos.

Ya la cosa no se queda en Fernando Alfaro y en Joaquín Pascual. Justamente, Burrito Panza (Carlos Flan, José Manuel Mora y Carlos Cuevas) han transitado por casi todas las ramas del árbol (desde Surfin´Bichos hasta los Alienistas de Alfaro, pasando por Mercromina o Travolta), pero fue en su debut de 2011 (Solo y mal acompañado) cuando avisaron de que había que tenerles en cuenta por sí solos, dejándonos de paso algún que otro tema como Tu lado salvaje, con vocación de himno indie.

La primera noticia que nos llegaba a través de las redes sociales sobre el disco de continuación era una foto del grupo de camino al estudio de Paco Loco, en el Puerto de Santamaría. Conociendo a unos y al otro, enseguida cabía suponer que saldría algo grande de tal encuentro.

Y así ha sido. Una familia desestructurada es un paso de gigante en el que Burrito Panza se atreven a llevar sus ya de por sí originales y cautivadoras canciones un paso más allá en sonido y arreglos.

Han trabajado un disco de texturas, donde cada guitarra suena orgullosa en su plano adecuado, pero donde también caben emocionantes vibráfonos (¡Qué resultón es ese instrumento en el contexto adecuado!), misteriosos efectos de voz que dotan a la voz de Carlos Flan de un disfraz diferente para cada canción, y toneladas de la cacharrería a la que tan buen uso sabe dar Paco Loco. Vamos, tan complejo y completo les ha quedado, que a la hora de pensar en defenderlo decidieron incorporar a un cuarto Burrito, Rafa Caballero a los teclados.

Los refuerzos no llegan solo en producción, sino también a través de una generosa nómina de invitados donde por supuesto caben otros habitantes del mencionado árbol como Joaquín Pascual o Isabel León.

El trío de temas que abre el disco no puede ser más perfecto: El paciente tranquilo, Un riesgo necesario (primer single y clásico instantáneo, incluyendo una segunda parte que en un mundo perfecto sería considerada bailable), y la casi alegre Papel rayado (donde me recuerdan a los Wilco de Yankee Hotel Foxtrot), cada uno de ellos representando diferentes grados de esa manera que tienen Burrito Panza de pervertir el rock and roll clásico y revestirlo de un manto donde caben todas las mejores doctrinas del indie español de las últimas tres décadas.

Ante semejante comienzo, el ritmo se ralentiza casi inevitablemente con los siguientes temas, aunque cuando se sacrifica algo del vigor inicial se suele sustituir tocando la fibra casi épica (La vida es un loop es muy de los Low del C´mon).

No hay que olvidar mencionar las letras, otro de los puntos fuertes de la “familia Panza”, con esos guiños a la oscuridad y a la autodestrucción pero desde cierto humor socarrón y poético cargado de dobles sentidos.

Lo dicho, hagan sitio en las ramas principales, que los Panza lo merecen.

 

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