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Bryan Ferry, “Avonmore” (BMG, 2014)

Autor:  | Google+ | @curtillo

avonmore

Cuando a un artista no le queda nada que demostrar y tiene tras sus espaldas una carrera intachable, es normal que, a la hora de sacar un nuevo disco, se lo tome con tranquilidad. Eso es lo que ha hecho Bryan Ferry en su nuevo álbum en solitario, en el que recupera el sonido de sus primeros trabajos y nos deja claro que a su pop elegante le queda cuerda para rato.

Ferry se ha rodeado de grandes artistas para sacar a la luz las canciones de “Avonmore”, pero ninguno de ellos eclipsa su sonido. Quizá Johnny Marr intenta robarle protagonismo en ‘Soldier of Fortune’, una canción que han escrito a pachas y en la que el antiguo miembro de The Smiths se sale del tiesto con un punteo sin sentido. Es, de hecho, el tema con menos chicha de todo el álbum, y su sonido cercano al AOR dice muy poco. Pero esta no es la tónica general del álbum: Todd Terje y Nile Rodgers, por poner dos ejemplos, lo único que hacen es ayudarle actualizar su sonido clásico.

Loop De Li’ y ‘Midnight Train’ abren “Avonmore” dejando claro que, el que tuvo, retuvo. Estos dos primeros cortes son una auténtica delicia de pop elegante, donde Ferry no se olvida del toque ochentero y crea una atmósfera cercana a la de sus mejores trabajos de aquella década (con más aciertos que errores, es algo que hace en prácticamente todo el álbum). Hay delicadeza y elegancia en ‘A Special Kind Of Guy’ y ‘Lost’, que son las dos grandes baladas del disco. En ‘One Night Stand’ saca la artillería pesada (saxo y coros femeninos incluidos), y Ronnie Spector le da la réplica vocal de una forma brillante. Cuando se pone electrónico, es capaz de hacer algo como ‘Driving Me Wild’, que contiene uno de los mejores estribillos del álbum, o el tema que da título al disco, en el que Flea (Red Hot Chilli Peppers) toca el bajo entre bases electrónicas muy cercanas a las de su amigo Todd Terje.

Para cerrar su decimocuarto trabajo, Ferry ha preferido recrear las canciones de otros, llevando a su terreno dos temas tan distintos como el ‘Send In The Clowns’ del compositor de musicales Stephen Sondheim, y el Johnny & Mary de Robert Palmer. La primera la deconstruye y se saca de la manga una balada épica y electrónica, en la que da protagonismo a la orquestación (hace un guiño al toque teatral que tiene la canción). Le ha quedado de maravilla, y consigue que casi nos olvidemos de los cientos de versiones anteriores, esas que cantaron gente como Frank Sinatra, Barbra Streisand o Grace Jones. Algunos pensarán que lo de incluir la versión de Johnny & Mary que hizo junto a Todd Terje hace unos meses es una maniobra demasiado comercial, pero la verdad es que viene como anillo al dedo como cierre del álbum. Además, es tan buena que da igual que ya estuviera en el disco de Terje.

A sus 69 años, Bryan Ferry sigue dando muestras de su enorme talento, y lo hace con elegancia y frescura, actualizando su sonido al de los nuevos tiempos. Muy pocos lo consiguen.

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