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Brian Eno, “The Ship” (Warp, 2016)

Autor: | @sergiomiro

Con su fichaje por el siempre atrevido sello Warp, Brian Eno parece estar viviendo una segunda (o tercera, o cuarta) juventud, no sólo por la libertad que se respira en cada uno de sus lanzamientos, sino también por la asiduidad con la que nos van llegando (“The Ship” es su sexto trabajo para la discográfica).

Hasta el más inocente de los movimientos de Eno esconde un complejo proceso intelectual detrás, y “The Ship” no es una excepción. Con el hundimiento del Titanic y el ritmo interno del mar como principales inspiraciones, Eno se propuso liberarse de cualquier atadura propia de los formatos habituales de la canción (como si eso hubiese sido alguna vez problema para un hombre que, lo mismo supervisa discos superventas de U2 o Coldplay, que consolida los códigos de la música “ambient”, o establece el puente perfecto entre el ya viejuno “new wave” y la nueva música electrónica no orientada a pistas de baile).

De hecho, “The Ship” puede situarse sin problemas entre el trabajo cada vez más popularmente aceptado de Max Richter, Jóhann Jóhannsson y demás compositores de música clásica moderna (neo-clásica, post-clásica o indie-clásica, como también se la conoce). Una de las mayores diferencias respecto a las últimas obras de Eno, y respecto a la prevalencia instrumental en piezas similares, es que esta vez ha decidido reincorporar su voz como elemento que comparta protagonismo con los diferentes sintetizadores e instrumentos orquestales que dibujan su particular lienzo.

Así, meciéndonos entre el ritmo parsimonioso marcado por “ola tras ola tras ola”, vamos topándonos con diferentes aportaciones vocales que agarran el timón de este particular barco: la voz sintetizada en la pieza ‘The Ship’ parece encontrar su respuesta en el barítono preclaro de Eno en ‘Fickle Sun (i)’, conformando ambos cortes el corazón principal del disco al ocupar casi 40 minutos de los 48 de duración total; en ‘Fickle Sun (ii’), ‘The Hour is Thin’, la voz se convierte en narrativa de la mano de Peter Serafinowicz, casi a modo de interludio para llevarnos hasta ‘Fickle Sun (iii’), que resulta ser una inesperada y majestuosa versión del ‘I´m set free’ de la Velvet, una concesión a los parámetros del pop clásico para finalizar un disco que justamente parece haberlos estado evitando en todo momento. Puede parecer una elección caprichosa, pero acaba teniendo sentido de alguna manera difícilmente explicable, ciñéndose a esa lógica tan propia de Eno que hace que cualquiera que haya tenido el privilegio de trabajar con él no dude en calificarlo de genio.

Valoración: 7,3

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