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Blur, “The Magic Whip”, (Parlophone, 2015)

Autor:  | Google+ | @curtillo

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Tiene mérito que un grupo tan mediático como Blur haya vuelto con un nuevo trabajo tras doce años, y que este sea realmente bueno. La banda de Damon Albarn ha conseguido actualizar su sonido sin necesidad de olvidarse de los ingredientes que les hicieron famosos en los noventa. “The Magic Whip” es la continuación perfecta de “13” y “Think Tank” (tiene mucho de estos dos discos), pero, a su vez, lleva a Blur a la segunda década del siglo XXI. Se podría decir que es un puente entre su pasado y su futuro.

La primera impresión que se tiene al escuchar el octavo disco de Blur, es le han dado un repaso a su carrera. Es más, nos lo hicieron creer con los adelantos del álbum. Lo primero que nos enseñaron fue ‘Go Out’, con aquellos Blur de 1997 que jugaban a ser Pavement. Muchos hubieran querido que el disco siguiera por ese camino, pero salvo ‘I Broadcast’, el resto dista mucho de los sonidos guitarreros y el rollo lo-fi. Lo siguiente que sacaron a la luz fue ‘There Are To Many Of Us’, una de esas canciones en las que empiezan oscuros, pero poco a poco se van convirtiendo en unos Blur más luminosos (en esta caso, no mucho, todo hay que decirlo). En ella aparece la sombra de Bowie, esa que siempre les ha perseguido y les ha dado tan buenos resultados. No es la única que tira de las enseñanzas del Duque Blanco; su época berlinesa también está muy presente en los seis minutos de ‘Thought I Was A Spaceman’. De hecho, casi se podría decir que es un homenaje, lo que, por otra parte, no es la primera vez que ocurre (¿os acordáis de ‘M.O.R.’?). Casualmente, son dos de los momentos álgidos del disco, pero no los únicos. Por último, aparecieron los Blur pop, los que crearon algunas de las mejores canciones de los noventa. ‘Lonesome Street’ no hubiera desentonado en “Parklife” o “The Great Escape”, y con ‘Ong Ong’ han vuelto a crear uno de esos himnos atemporales que tanto gustan entre sus compatriotas. Hasta aquí, los Blur de los noventa. En el resto del disco encontramos a unos Blur nuevos o, por lo menos, más cercanos a sus dos anteriores trabajos.

Es evidente que Damon Albarn ha impuesto parte de su sonido en solitario en buena parte del disco. El caso más claro es el de ‘New World Towers’, que encaja perfectamente con el tono sosegado de su “Everyday Robots”. Pero también se nota su impronta en el toque juguetón de ‘Ice Cream Man’, o en el deje étnico de la preciosa ‘My Terracota Heart’. En esta última también se acercan al “Think Tank”, donde ya asomaba la obsesión Albarn con la música del continente africano. Pero si hay una canción que suena a lo que hacían en 2003, esa es ‘Ghost Ship’, que les ha quedado de maravilla. Quizá, donde fallan un poco esta vez es en las baladas finales del disco. ‘Pyongyang’ no les ha quedado mal, pero está lejos de acercarse a sus mejores momentos más íntimos. Y ‘Mirrorball’ es un tema un tanto descafeinado.

The Magic Whip” es un gran regreso, y nos muestra a unos Blur que, tras una década separados, están en una sorprendente buena forma.

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