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Blank Realm, “Illegals In Heaven” (Fire Records, 2015)

Autor:  | Google+ | @curtillo

BLANK REALM

En esta época en la que prácticamente está ya todo dicho en el mundo del rock, cuesta mucho encontrar a una banda que suene fresca e interesante utilizando los mismos ingredientes de siempre. Pero, de vez en cuando, salta la sorpresa y aparece un grupo como Blank Realm. Los de Brisbane llevan unos cuantos años advirtiéndonos de que, en cualquier momento, pueden sacar su disco definitivo, y ese momento ha llegado. Con su cuarto álbum, los australianos han dado en el clavo, y se han sacado de la manga una colección de canciones brillante.

Illegals In Heaven” sigue por el mismo camino que “Grassed Inn”, su anterior trabajo, pero aquí han perfeccionado su propuesta. Sonido lo-fi, ecos de la Velvet Sonic Youth, un cierto cariño por el garage, y un toque pop que los hace irresistibles. La idea de fusionar sonidos más crudos con la tradición pop de las antípodas y bandas como The Clean o The Bats funciona estupendamente; además, les da ese punto que le falta a muchos de los grupos de rock de nuestros días. Esa fusión queda patente en cortes como ‘River of Longing’, que, con sus guitarras cristalinas y su estribillo tan pop, te deja del revés a las primeras de cambio. Si a eso le unimos un sonido más crudo y lo-fi, nos encontramos con el corte perfecto. Algo así como si Sonic Youth se dejaran seducir por la dulzura de The Go-Betweens. Esta canción es prima hermana de ‘Palace of Love’, el momento álgido del disco. En ella están sembrados y consiguen uno de los cortes del año.

A lo largo del álbum hay momentos en los que se ponen un poco más duros y crudos. Es el caso de ‘No Views’, con la que abren el disco haciéndonos creer que el pop ha salido de sus vidas, o ‘Too Late Now’, que lo cierra de forma intensa con una buena tormenta de guitarras. Pero lo mejor de su faceta más cruda viene en ‘Costume Drama’, con un tono más descarado, casi punk, pero, y aquí está el gancho de la canción, suavizado con un estribillo con un teclado de lo más adictivo.

La parte del disco en la que están menos acertados es la más relajada. El tono más pausado les funciona en la primeros minutos de ‘Flowers in Mind’, más que nada porque, al final, la distorsión y la aceleración del resto del álbum aparecen de nuevo. Sin embargo, en esa ‘Cruel Night’ tan sixties y tan Velvet, se les va un poco la mano con la duración. Ocurre lo mismo en ‘Gold’, que es un corte delicioso, pero demasiado largo. Aun así, son canciones que están a un buen nivel, aunque no alcancen el del resto de cortes del álbum.

Sin duda alguna, Blank Realm han sacado uno de los discos de rock del año. Sólo esperamos que no seamos de los pocos que nos hemos enterado de ello.

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