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Blake Mills, “Look” (Verve/New Deal, 2019)

Autor: | @sergiomiro

Blake Mills se ha ido consolidando como uno de esos nombres que conviene buscar en los títulos de crédito. Como productor e instrumentista, puede que sea junto con Jonathan Wilson de lo más interesante surgido en la última década, sobre todo a la hora de hacer que bandas y a artistas “de la vieja escuela” suenen al mismo tiempo orgánicos y aventureros (ahí están sus discos para Alabama Shakes, Laura Marling o Perfume Genius, por ejemplo).

Aunque parece que sus lentejas están garantizadas a través del trabajo de producción, Mills también ha dejado su impronta personal con un par de inclasificables obras de blues/folk/jazz donde brilla su talento como guitarrista, cantante, compositor y arreglista. Su discográfica Verve parece confiar tanto en él, a pesar de lo poco que tiene en común con el resto de su catálogo, que ahora ha ido un paso más allá y han sellado juntos la creación de New Deal, un sello capitaneado por el propio Mills que se dedicará a publicar obras más…. atrevidas.

Y para atrevido, el propio Mills, que estrena su sello con el tipo de disco que pocos podríamos atribuirle. Se trata de una obra instrumental, totalmente experimental y atmosférica, dividida en cinco movimientos (One, Two, Three, Foury –sí, lo han adivinado- Five), generada a partir de su fascinación reciente por las posibilidades de las guitarras-sintetizador que Roland desarrolló en los 70. Le interesó especialmente la contraposición de lo que significa trabajar con una guitarra de estas frente al proceso mucho más frío y mecánico que sería intentar crear este tipo de ambientes por ordenador. Para empezar, Mills se asombró al ver que la manera de tocar de cada guitarrista realmente afecta a los sonidos que producen estos instrumentos, que además nunca reaccionan dos veces igual. Por tanto, lo que escuchamos sólo puede ser producto de lo que sucedió en el momento en que las manos de Mills se posaron sobre estas guitarras y fueron grabando capa tras capa con la ayuda del ingeniero y productor Joseph Lorge.

Como desafío definitivo, Mills asegura que este es el disco más guitarrero de su carrera, aunque el oyente casual no sea capaz de distinguir una simple cuerda en la sucesión de colchones sonoros que lo conforman. Un trabajo mucho más bello y lleno de matices de lo que puede parecer a simple escucha.

Valoración: 6

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