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Black Yaya, Black Yaya (City Slang 2015)

Autor: | @sergiomiro

Black_Yaya

Parece que, si eres o has sido miembro del adorable colectivo Herman Dune, estás comprometido a una extraña cláusula por la que tus aventuras ajenas a la banda deberán ir firmadas bajo un elaborado nuevo nombre artístico. Así, André Herman Dune, que dejó la banda hace ya casi una década, nos entrega sus curiosos trabajos en solitario (o acompañado por The Wave Pictures) como Stanley Brinks, y ahora le toca el turno al carismático David Ivar, a quien podemos también llamar Black Yaya.

Para su primer largo en solitario, Ivar –perdón, Yaya– se encerró en un estudio de California, circunstancia que para nada parece casual, ya que el resultado es tan luminoso y despreocupado como el propio Estado norteamericano. Yaya se las arregló solito para producirlo y grabarlo todo, dejando únicamente espacio para el agradecido contrapunto femenino de su pareja Mayon en los coros.

Sin poseer la trascendencia de los discos verdaderamente relevantes, este trabajo epónimo nos gana por sus hermosas canciones y por la entrañable ligereza que las envuelve. Ojo, todo está impecablemente grabado y arreglado, muy lejos de los momentos lo-fi que a veces caracterizaban al mundo Herman Dune, pero parecen reinar las ganas de crear música agradable al oído que no peca de tomarse a sí misma demasiado en serio.

Los estribillos de Flying a rocket o Watchman (con ese maravilloso interludio de harmónica) tienen todo lo que hay que tener para ser éxitos de un mundo alternativo repleto de buena música, mientras que Vigilante o Give me a gun se las arreglan para tocar temas peliagudos o violentos sin que perdamos la sonrisa.

En ese contexto, la balada Save them little children, sin ser mala, posee un dramatismo que parece fuera de contexto, pero que no se las basta para romper el buen rollo general que nos deja Black Yaya con su debut.

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