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Blacanova, “Regiones devastadas” (El Genio Equivocado, 2015)

Autor: | @sergiomiro

Blacanova_regiones_devastadas

En una conversación coloquial sobre la ya cancelada serie Hannibal, comentábamos que los crímenes allí plasmados eran demasiado escabrosos como para salir de una mente sana, y que por tanto no queríamos saber qué tipo de personas eran sus guionistas. Salvando las distancias, menos mal que puedo dar fé de que los sevillanos Blacanova son gente muy maja, porque algunas de sus letras se encuentran entre lo más inquietante e incómodo de la escena musical de nuestro país. Su tercer disco, pese a introducir nuevos matices, ahonda en el discurso que hasta ahora les ha caracterizado.

Claro que no se trata de provocar por provocar; su lado más, digamos, poético-forense forma parte de un evocador universo propio donde lo cotidiano convive con lo surrealista. Es el contexto lírico perfecto para unos parajes musicales tejidos a paso lento pero siempre con el colmillo afilado y dispuesto a ser enseñado.

Así, hasta lo que podría ser considerada su “canción romántica”, La pareja del verano, nos presenta a una pareja que ve pasar las horas “comiendo heces e intentando dar con la fórmula que nos diga cuánto tarda un niño sano en desangrarse”. Tremendo, lo sé, pero de alguna forma Blacanova consigue que el impacto de semejantes mensajes nos llegue como algo fascinante, un misterio artístico del que siempre queremos saber más.

Quienes conocieran los discos y EP´s previos a este Regiones devastadas, se encontrarán en un terreno conocido, si bien la banda se ha permitido ahondar aún más en la elaboración de sus texturas, con unas bases instrumentales a medio camino entre el post-rock, el shoegaze y el trip-hop (no son ajenos al groove, a pesar de la militancia indie de su sonido) tan sofisticadas que, incluso si estuvieran desprovistas de las partes vocales, se las arreglarían para caminar solas y mantener la coherencia del discurso.

La languidez de sus ritmos y sus melodías susurradas pueden causar la impresión inicial de que la banda navega siempre en mares placenteros, pero el suyo es un rango dinámico amplio en el que caben tormentas (la canción Bossanova es un ejemplo perfecto de convivencia entre su lado suave y el más abrupto).

Esta evolución en el sonido de la banda tiene el mérito compartido del trabajo de Raúl Pérez en sus estudios de La Mina, un cómplice perfecto que lleva ya varios trabajos ayudando a dar forma a lo que la banda puede dar de sí.

Las regiones pueden estar devastadas, pero Blacanova no hacen más que seguir construyendo los cimientos de su propio mito, y más vale que les prestemos atención.

 

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