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Bigott “The Orinal Soundtrack” (Grabaciones en el Mar 2011)

Autor: | @indienauta

bigottorinal

 

Bigott comenzó siendo Borja Laudo, inquieto músico zaragozano que se dio a conocer hace ya un lustro con un debut (That sentimental sándwich, 2006) donde ya se podían intuir arrebatos de genio que a veces quedaban eclipsados por la excentricidad del personaje. Ahora, Borja sigue siendo “the one and only” Bigott, pero también podría decirse que, al menos en discos y directos, la “marca Bigott” se ha convertido en una experiencia grupal en la que pesan bastante las aportaciones de todos los componentes de la banda. Paco Loco dejó hace tiempo de limitar sus aportaciones al sillín de productor, y se ha convertido en miembro de hecho, con derecho a voto de calidad en lo que a los arreglos se refiere. Ahí tenemos también a Clara Carnicer, pareja de Laudo, corista, bajista, y artistaza responsable de todas las portadas (en esta ocasión se ha superado con la creación de unas artesanales figuras de lana que inmortalizan a Bigott y al resto de músicos, incluyendo a un Paco Loco de icónica cremallera abierta).


 

Con estos mimbres, The orinal soundtrack parrte como la obra más ambiciosa de Bigott, repleta de arreglos esplendorosos y colorido instrumental. Se aleja, por tanto, de esa excelencia acústica y casi austera lograda en la obra que lo precede (This is the beginning of a beautiful friendship, 2010), si bien los fans de aquel disco se encontrarán aquí de nuevo con plenitud de melodías entrañables y eternas, todas ellas entonadas con esa peculiar voz grave pulida por el tiempo, y cantadas en un  peculiar inglés que parece haber sido inventado a la medida del universo de nuestro hombre.

 

Sólo Bigott es capaz de invocar a los Beach Boys y hacer que sus inconfundibles melodías se adapten al título de la canción Vaporcito (“bap bap- bap, bap baporshito”, parecen cantar). Sólo él en la escena puede juguetear con el sonido disco 70´s (el single Canninbal dinner, con cuerdas a lo Bee Gees incluidas), sin acabar cayendo en el burdo pastiche o en el despropósito; o de incorporar el calipso a una balada (Turkey moon) sin que pierda un ápice de su capacidad de conmover.

 

Estamos ante un nuevo paso adelante en una carrera que se resiste a caer en el conformismo.  Un lujo para la escena española que, tanto en el lado de las canciones, como en el de la calidad de la grabación no tiene nada que envidiar a lo que andan haciendo Devendra Banhart y otros barbudos de mayor lustre mediático.

 

 

 

 

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