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Bigott “Blue Jeans” (Grabaciones del Mar 2013)

Autor: | @sergiomiro

bigottbluejeans

Un disco por año, con calidad creciente y constantes sorpresas sonoras por el camino. Muy mal acostumbrados nos tienen el zaragozano Borja Laudo y su impecable grupo de músicos (de un tiempo a esta parte, más que un proyecto unipersonal, Bigott es una banda con carismático líder al frente). La cosa había ido tomando una forma tan espectacular, que ya el encanto y la personalidad única de sus canciones se presuponen, como el valor del soldado. De Bigott ya esperamos lo más sublime, una magia comparable a la de cualquier artista de primera división del extranjero.

La cosa, además, pintaba muy bien de partida con este Blue jeans, ya que suponía el traslado de toda la banda a Brasil para, una vez allí, dejarse llevar por las circunstancias y grabar la colección de canciones que guardaba Borja bajo el brazo. No importaba si no tenían todos sus instrumentos, usarían las carencias a su favor para arriesgarse a defender las canciones con cualquier cacharro que tuvieran a mano. De paso, Paco Loco (productor supremo y miembro de pleno derecho de la banda), demostraría que su genio brilla incluso fuera de su estudio-fortaleza en el Puerto de Santa María.

¿Es Blue jeans el “disco brasileño” de Bigott? Pues tampoco, porque la personalidad del zaragozano no se ha movido más allá de la habitual inquietud estilística que siempre puebla sus discos. Y mira que es una pena que no haya llevado el reto hasta las últimas consecuencias, porque uno siempre ha querido ver en nuestro hombre un potencial enorme para emular las aventuras de los grandes tropicalistas de los 60 (de hecho, creo escuchar una referencia a Os Mutantes en la letra de Troupe of Royal, con lo cual no voy tan desencaminado)

Lo de Brasil se deja entrever en el uso aislado de algún instrumento autóctono -como el cavaquinho que abre el single Find a romance (el de las voces apitutadas, a las que, pasado el shock inicial, hasta se les coge cariño)-, y en un par de instrumentales que parecen reinterpretaciones de la manera de arreglar de Rogerio Duprat o Sergio Mendes (en especial el encantador Playboy´s theme en el que resulta fácil imaginar a Borja Laudo pretendiendo que la piscina del estudio de Paco Loco es la de la mansión de Hugh Hefner).

¿Y qué hay de la magia que demandábamos al principio de esta reseña? Una vez bien masticado, el disco se antoja como ligeramente inferior a sus tres últimas entregas, quizás porque esta vez no todos los temas llegan al mismo nivelazo, y porque cuesta encontrar esas dos o tres joyas incontestables que sí saltaban a la vista en This is a beginning of a beautiful friendship (2010) o en The Orinal Soundtrack (2011).

Con todo, hablamos de un gran disco -uno más-, y unas cuantas de sus canciones merecen ser guardadas para cuando, dentro de dos décadas, nos toque hacer una antología en quíntuple CD (o en quíntuple nube, o vaya usted a saber qué formato estará vivo para entonces) con lo mejor de este hombre. De entre ellas nos quedamos con el verdadero hallazgo oculto del disco: el tema que le da título, con ese aire celestial –digno de los casi los Flaming Lips de The soft bulletin (1999)- y ese pedazo de estribillo a base de coros a viva voz y percusión entusiasta.

 

 

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