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Berlinist, The Winter Hexagon (Autoeditado 2015)

Autor: | @sergiomiro

Berlinist_cover

Desde Barcelona con un susurro musical de muy largo alcance nos llegan Berlinist, un cuarteto de pop de cámara de los que no se suelen encontrar en la producción local.

Su primer LP ahonda y pule los caminos ya sugeridos en su EP Landscapes 2013. La suya es una música en constante búsqueda de lo sublime, ya sea desde el delicado pulsar de una tecla o pellizcar de una cuerda (sea cual sea el instrumento, ya que la variedad de sonoridades, casi siempre acústicas, forma parte de su filosofía), o dejándose llevar por la épica del crescendo, sin permitir que las emociones afecten al control de la situación. Es en ese último aspecto en el que pueden emular a formaciones de discurso consagrado como los islandeses Sigur Rós, pero también donde a Berlinist se les podría pedir un poco más de desmelene, sobre todo en el a veces demasiado pulcro tratamiento de las percusiones.

Pero bueno, dejando esa consideración personal aparte, lo cierto es que la banda demuestra gusto exquisito y madurez sonora a lo largo de todo el disco. Sus canciones dejan siempre espacio para algún movimiento que las haga evolucionar: rara vez la sensación que evocan al comienzo será la misma que nos invada unos pocos minutos más tarde. Son composiciones estructuradas de manera relativamente fiel al formato de canción, si bien se les dan muy bien propuestas formales más abstractas como la desarrollada en la bella Oracle (con ese porte casi de procesión, como ha dicho el pianista y vocalista de la banda, Marco Albano).

La apuesta por el discurso puramente musical de Berlinist es tan fuerte, que casi podríamos olvidarnos de destacar otra de sus señas de identidad: el reparto casi equitativo de tareas vocales entre el lado femenino de Gemma Gamarra y el masculino (aunque con un falsete que justifica las comparaciones con Bon Iver) de Marco.

El título de la canción Weltschmerz es bastante representativo; alude a la sensación pesimista que una persona experimenta al entender que el mundo físico que habitamos nunca podrá equipararse al mundo ideal que uno imagina. Estamos ante una formación que quiere dedicar sus esfuerzos a imaginar un mundo mejor que este y convertirlo en sonidos y notas musicales. Algo así no puede hacernos daño, así que, parafraseando a JFK: Ich bin ein Berlinist.

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