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Benjamin Dean Wilson, Small Talk (Tapete Records 2016)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

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Mola —¿todavía se usa «molar» en la era del Pokémon Go? Hay que ver cuánto hemos avanzado como sociedad…— cuando tus jefes en Indienauta te reservan un grupo/artista que creen especialmente indicado para ti… y aciertan. Desde Tulsa, Oklahoma, llega Benjamin Dean Wilson, un jovenzuelo —ni la foto en riguroso blanco y negro ni ese sospechoso bigote pueden engañar a nadie, Ben— especializado en dramas emocionales y existenciales miniaturizados en canciones pop de regusto clásico. Su primer lanzamiento, publicado por Tapete Records, se titula Small Talk y merece un repaso a fondo.

El disco se abre con la estupenda Sadie and the Fat Man, que a la vez es una carta de presentación inmejorable para adentrarse en el «universo del Sr. Wilson»: temas muy cuidados, con arreglos sutiles —todo pergeñado y grabado por él de forma casera—, incontinencia verbal para retratar con agudeza, sentido del humor y empatía a seres humanos que resultan a la vez patéticos y muy familiares en sus cuitas diarias. Hay una cadencia singular en este tema, algo que atrapa al oyente inmediatamente. Quizás sea la sencillez de esas notas de piano junto a la guitarra acústica. O las ocasionales cuerdas. O los esporádicos y divertidos coros. O los instantes en que Wilson rompe su interpretación vocal habitual, más hablada que cantada, entre Adam Green y Nick Lowe, para apuntalar la comezón de su protagonista, luchando contra sus demonios —nada graves— interiores: el sobrepeso, los caprichos del destino, los podrían haber sido, el irreversible paso a la adultez… Creo que ya lo tengo. Wilson es un contador de historias de primera en forma de canciones.

Aires pastorales que rápidamente se disipan y dan paso a un vodevil pop de siete minutos. Eso es la socarrona So Cool y su relato acerca de un profesor de instituto conocido como Mr. Green y que «es lo más» a lomos de su Corvette rojo… o eso cree él. Libidinosos affaires, crisis de mediana edad entre los pasillos de la institución educativa y estatus sociales a conservar a ritmo de mandolina, delicados violines y deliciosos coros femeninos, puro doo-wop, que envuelven la pieza en un aroma vintage, como de novela de Philip Roth o John Updike. Seguro que mi querido Neil Hannon aprueba esta preciosidad de tema.

Aún más sinuosa y juguetona aparece William, con sus teclados flotantes y ese eco femenino a lo Leonard Cohen que repite el nombre titular y contribuye a construir esa atmósfera, puede que algo repetitiva pero bastante turbia y muy lograda para una trama —sí, hablo de tramas como si se tratase de cuentos, ese es el «nivelazo» de Benjamin Wilson—, de tintes casi noir con A Love Supreme de Coltrane sonando de fondo, evocando tanto a Hitchcock y Nábokov. Sí, ya sé que estoy hablando de una canción…

Desafortunadamente, a continuación Small Talk entra en terrenos mucho más tradicionales, de puro cantautor, con los dos temas más breves del trabajo. En primer lugar End of Never Again, con sus aires folkies, cada vez más dylanescos a medida que nos acercamos al estribillo. Y en segundo My Wife, aún más parsimoniosa y adusta, con armónica incluida. Sin ser para nada flojos, si resultan más planos y previsibles, sobre todo comparados con las canciones anteriores… y la que está por venir.

Porque Small Talk se cierra con Rick, I Tick Tock…, un relato corto en tres actos y epílogo que se va casi a los quince minutos y enseña hasta dónde puede llegar este artista del medio oeste. Olvidaos de Bohemian Rapsody —por favor, olvidaos— y, a cambio, bucead en esta maravilla repleta de detalles sónicos, idas y venidas, una sorprendente riqueza literaria —de verdad, aquí hay verdadero pulso narrativo, concentrado magistralmente en el que podemos considerar el acto tercero, especialmente en ese encuentro inesperado alrededor de una comida— en unas letras que hablan de las frustraciones, infidelidades y tensiones de varios personajes, en conjunto produciendo una impagable sensación de aventura y caos para el que la escucha. Ray Davies, Jonathan Richman y Randy Newman reunidos en Oklahoma. Realmente fascinante.

Mini-álbum que desborda tanto la extensión de este formato como los habituales cauces del género, Small Talk se convierte en un debut de lo más apetecible, y pese al par de temas más anodinos —hubiera quedado un EP formidable— pone a Benjamin Dean Wilson entre los talentos más prometedores y renovadores de la escena singer-songwriter. A seguir muy de cerca.

Valoración: 6,9

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