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Me and the Bees, Mundo fatal (La Castanya, 2014)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

meandthebeesmundofatal

Me vais a permitir la digresión inicial, pero es que hoy no hago la crítica de cualquier disco… ¡sino del retorno de Me and the Bees!

Cuatro años nos —me— han tenido esperando, pero por fin, ya tenemos en nuestras manos Mundo Fatal —de nuevo un título genial, a la altura del indispensable Fuerza Bien—, uno de esos discos que se escucha por primera vez con tremendas ganas, pero también con miedo. Es como cuando te reencuentras con ese amig@ que aprecias de forma especial pero que llevabas demasiado sin ver: te mueres de ganas, pero también estás asustado que el tiempo no os haya cambiado demasiado. Ya sé. Los críticos, prensa especializada y enteradillos musicales en general suelen —solemos—, pedir a las bandas y artistas que arriesguen, que se aventuren en sus carreras. Pero no a todos los grupos. Yo a Me and the Bees les pido que no cambien nunca. Que sean siempre ellos mismos.

Y afortunadamente es comenzar a sonar Scene e inmediatamente reconocer a tus viejos amigos. Las gaviotas saludan antes de que ese pop desenfadado y directo, marca de la casa, empiece a sonar, brillante e irresistible. Esos coros retro, ese “uh”, o las guitarras que buscan sonar crudas pero que a un servidor le parecen más bien abrazos y, por supuesto, Esther Margarit con su característica entonación y único fraseo del inglés. La esencia de Me and the Bees es transmitir al oyente esa sensación de que mientras creaban sus canciones lo estaban disfrutando. Que la música, en definitiva, es un motivo de alegría.

Ojo, eso no quiere decir que nuestras abejas preferidas no vengan plagadas de novedades. La preciosa Like We Were Young tiene un punto soul y romántico, lánguida y delicada, con los teclados de Guille CaballeroEls Surfing Sirles— adquiriendo un peso notable, igual que en Two Steps Towards The Infinite Path Beyond Oblivion —toma ya—, donde se ponen un poco más psicodélicos. Aunque nada comparado con Psychopathic World, cuyo revelador título anuncia la divertida distopía echa pop.

Envuelto en una nube de feedback, las guitarras más afiladas y sucias del disco cortesía de Carlos Leoz, que en este Mundo Fatal ha podido desmelenarse a gusto, se esconde Hugo, hit irrefrenable con maravillosos coros que son el contrapeso al armazón sónico y coronado con un estribillo enorme —vendrán más—.

En cambio, Leoz introduce son sutileza Petra’s Dream y su pop incandescente, donde las tres voces del grupo juegan entre ellas y la interpretación vocal del adquiere un matiz más personal y emotivo, acorde con la letra —¿quizás dedicada a Eli, que abandonó el grupo, convirtiéndolo en el trío actual? ayer en el showcase de La Castanya dentro del Primavera Sound para ella fue la dedicatoria—. “Believe me, there’s nothing wrong/ You’re a number one”.

 

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