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Basia Bulat “Tall Tall Shadow” (Secret City Records – Music As Usual, 2013)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

baisabulat

Alerta spoilers: la reseña que pueden leer a continuación va a tener momentos cercanos a una declaración de amor, bastante alejados de los patrones supuestamente objetivos (mentira cochina claro) de la crítica musical.

Y es que a la devoción personal que servidor tiene por la fenomenal artista canadiense se le añade la coincidencia de que su flamante tercer disco, Tall Tall Shadow, ha visto la luz en medio de unas semanas en que los medios culturales -algunos de ellos “teóricamente” alternativos- nos han bombardeado con las múltiples sandeces de subproductos musicales que necesitan de vídeos donde se enseñe toda la carne posible, junto a inermes polémicas que distraigan lo suficiente -y llenen las consiguientes páginas, todas huecas- para vender lo invendible. Así que si me lo permiten, por un instante, vamos a hablar solo de música, de la nueva obra de una artista de verdad, Basia Bulat.

El tercer disco de la canadiense se abre con Tall Tall Shadow, para el que escribe, simplemente una de las mejores canciones del año. Basia debería formar parte del elenco de la próxima película de Los Vengadores porque tiene un extraordinario súper-poder, su voz, que en esta increíble pieza consigue ensamblarse a la melodía de tal forma que son una sola entidad imparable, desencadenando un auténtico alud sonoro.

Después de semejante comienzo Five, Four es un remanso de paz en comparación. Basia se deja mecer por un colchón sonoro donde los punteos de guitarra sobresalen cogidos de la mano de sus escorzos vocales hasta transformarse en una pieza épica e hipnótica.

Palmas, su inseparable autoharpa y una voz que parece distante sorprenden en la breve Promise Not To Think About Love, uno de los temas más claramente pop de Tall Tall Shadow, y en donde brilla sobremanera el sencillo estribillo, una suerte de diálogo entre el coro y la cantante, y donde la letra intenta dar una vuelta de tuerca al clásico “disco de ruptura” de la tradición folk.

Es en el cuarto tema donde Basia vuelve a recurrir a sus “poderes mágicos”. En It Can’t Be You la canadiense está sola en el escenario -usen Youtube para algo de provecho y busquen los varios vídeos del tema que pululan por ahí-, y en el ecuador de la canción se desnuda metafóricamente junto a su ukelele -para ser más precisos, un charango- para desarmar a cualquier ser humano con oídos y un mínimo de sensibilidad. Tras dos minutos de íntima confesión y cristalina melodía, Basia detiene no solo el tema, sino el tiempo, en un clímax sobrecogedor con sus agudos gorjeos que ponen la piel de gallina. Tres palabras: Joni Mitchell, Blue.

Wires vuelve al pop con su ritmo trotón envuelto entre órganos y uno de los estribillos más directos de todo el álbum, aunque su final apuesta por la modestia y no por la explosión -cantante aparte, claro, aquí nuevamente desatada- que uno podía imaginar. Más sonidos orgánicos para The City With No Rivers, situando a la cantante en una atmósfera oscura sobre la que Basia gravita como si su voz fuera un instrumento más, evaporándose cuando la bella orquestación nos conduce al final del tema.

El ligero barniz electrónico del álbum sigue presente con la percusión de Someone, aunque en esta ocasión no pasa de añadir una sonoridad particular a una pieza que de otra forma sería bastante lineal, aunque nuevamente los delicados arreglos que hace de puente entre las estrofas y cierra el tema muestra a una artista decidida a salirse de los patrones comunes del folk y enriquecer su música.

Tras los temas más elaborados, Paris Or Amsterdam nos devuelve a la Basia Bulat más directa e íntima, donde la música apenas un envoltorio para que ella pueda contarnos su emotiva historia al oído, como si fuera una nana. Su voz, habitualmente voluptuosa y poderosa como muy pocas, se torna aquí frágil e infinitamente triste, y cuando alcanza el falsetto algo dentro del oyente se quiebra. Son nuestras defensas, desactivadas ante la pureza y fuerza de una artista única.

En cambio con Never Let Me Go se vuelve a un paisaje sonoro más complejo, que se desarrolla a ritmo de marcha fúnebre y desde donde Basia parece proyectar su voz hacia otro mundo. Desafortunadamente, la solemnidad de su envoltorio y su indefinición arrastra al tema y éste nunca logra alzar el vuelo.

Tall Tall Shadow se cierra al piano con From Now On y Basia contando solo con la ayuda de un coro que apuntala los clímax vocales de su interpretación. Suena a gospel. Pero es que incluso para los más furibundos ateos -o la leal oposición, como nos definiría Woody Allen– escuchar a la canadiense tiene algo de celestial.

Nota final: Si tienen la oportunidad, no dejen de verla en directo. Allí comprobarán con sus propios ojos y oídos que Basia Bulat tiene poderes sobrenaturales.

 

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