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Banks, Goddess (Harvest 2014)

Autor: | @sergiomiro

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Igual que hubo un tiempo que todas las cantautoras sensibles tenían que llegar al mercado sentadas en un piano (cuando Tori Amos era “trendy”), ahora lo raro es encontrarnos con alguna nueva artista que no envuelva su música en algún tipo de oscuro manto electrónico que seduzca por igual a góticos, a hip hoperos y a fans recalcitrantes de la EDM.

De hecho, lo más seguro es que, de tener unos añitos más, Jillian Banks habría sido una de esas “piano girls”, tal y como evidencian muchos giros estilísticos en sus canciones, y su admiración confesada a Fiona Apple. Menos mal que las tendencias nos han salvado de ese trago, porque los pocos momentos en los que el debut en largo de Banks deriva hacia la desnudez semi-acústica (con guitarra acústica en Someone new o con el consabido piano en Under the table), la cosa es de un anodino que tira para atrás.

La chica es una cantante decente y muy versátil (tan intensa en tonos graves como las octavas más altas), pero gran parte del atractivo de este Goddess está en las atmósferas proporcionadas por el lustroso batallón de productores que se reparten el trabajo, algunos de ellos de los nombres más buscados del nuevo panorama: Sohn (suyos son Alibi y Waiting game quizás los dos momentos que más claramente marcan el camino a seguir por Banks en el futuro), Shlomo (la fantásticamente agresiva Brain) o el que parece definirse como su principal aliado, Lil Silva.

El disco hace bien su trabajo de presentarnos varias de las vertientes en las que quiere caminar esta prometedora artista, que parece poseer el halo de independencia juvenil tan en boga en esta era donde Lorde o Charlie XCX son megaestrellas (nuestra chica afirma ser ella la que elige su vestimenta o sus peinados, y tuvo la osadía de protestar contra la impersonalidad de las redes sociales posteando su número de teléfono para que los fans que de verdad quisieran saber sobre ella la llamasen por teléfono).

Que realmente necesitara una hora de disco y catorce canciones (¡18 en la edición deluxe!) es un discutible capricho que, al menos a este indienauta, convirtió la tarea de conocerla en algo más agotador de lo que cabría desear.

 

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