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Baio, “Man of the World” (Glassnote, 2017)

Autor:  | Google+ | @curtillo

Si hace un par de años te topaste con el debut en solitario de Baio, ya sabrás que el norteamericano es algo más que el bajista de Vampire Weekend. Su proyecto está a años luz de ser el típico entretenimiento entre disco y disco de la banda madre, y a punto estuvo de dar la campanada y lograr un gran éxito. Todo gracias a ‘Sister of Pearl’, un tema del que te enamoras a la primera escucha, como bien demuestran los varios millones de reproducciones que tiene en las plataformas de streaming. Aunque hay que decir que, gran parte de la culpa, la tuvo su inclusión en la banda sonora del FIFA.

Aprovechando que Vampire Weekend no sacarán disco hasta finales de año (se supone), el neoyorquino, pero residente en Londres, vuelve ahora con un segundo trabajo. En él apuesta por dar salida a su faceta más pop y olvidarse de techno, del que daba buena cuenta en algunos temas de su debut. El resultado es igual de estimulante que el de su primer álbum, aunque hay ciertos ingredientes que lo dejan un poco por debajo.

Cuando Baio se va directo a por el hit, no hay quién le tosa. Buena prueba de ello son ‘Out of Tune’, ‘PHILOSOPHY¡’ y ‘Sensitive Guy’, tres temas que conquistan a las primeras de cambio. Además, lo hacen sin repetirse. En la primera, nos deja un corte con un cierto aire al Elvis más setentero que es una delicia. Sin embargo, en la segunda, se deja llevar por un ritmo más bailable y un toque funk. Y la tercera es todo un regalo para los que echamos de menos a Vampire Weekend. Lo que sí se puede decir que tienen en común son las trompetas, un instrumento que aparece en repetidas ocasiones a lo largo del álbum. Como en ‘Vin Mariani’ el estupendo tema que lo abre, o en ‘I’m Not Curious’, un corte extraño, pero realmente interesante, que acaba con un subidón de lo más inesperado.

Donde no ha estado tan acertado es en los temas más reposados. Es más, resulta curioso que ‘DANGEROUE ANAMAL’ haya sido uno de los adelantos del álbum. No porque sea un corte fallido, más bien, porque su excesiva duración hace que no sea una de las mejores cartas de presentación. Algo que también ocurre con ‘Shame in My Name’, a la que le sobran fácilmente dos o tres minutos. Sin embargo, cuando se deja de florituras, y se va a lo simple, es capaz de hacer algo parecido a una balada. Es el caso de ‘Be Mine’, con la que cierra el disco de la forma más notable.

Valoración: 8

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