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Azealia Banks, Broke with expensive taste (Prospect Park 2014)

Autor: | @sergiomiro

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Admitamos desde ya que esta reseña llega demasiado tarde si tenemos en cuenta que estamos hablando de una artista que vive en el mundo de la inmediatez y los destellos fugaces, donde tan solo vales lo que valga el último tuit que publicaste.

Aunque el disco de Azealia se haya demorado más de lo deseable en la montaña de CD´s por reseñar, esta chica bien merece al menos un poco de nuestra atención, aunque sea por la saludable anarquía que parece guiar cualquiera de sus movimientos artísticos y personales, algo no muy habitual en las divas del Hip Hop contemporáneo. Además, ¡qué demonios!, si la chica tardó tres años en publicar el disco desde que llamara la atención con el incendiario single 212, nosotros podemos tardar unos mesitos en redactar esta reseña para luego, como hizo ella, publicarla sin previo aviso.

Como decíamos, Azealia está dándonos la impresión de hacer lo que le viene en gana sin atender a ningún tipo de lógica. Cuando su carrera parecía que iba a estar amparada por una gran multinacional, ella va y se pelea antes de publicar disco alguno (una vez más, es el signo de los apresurados tiempos que vivimos: al menos precedentes como Prince o George Michael esperaban a tener una jugosa discografía antes de ponerse chulitos con sus sellos). Broke with expensive taste parte como disco auto-editado, si bien toda la maquinaria que lo rodea está lejos de ser lo que se dice “indie”.

Tampoco ha querido apoyarse en los clásicos artistas consolidados para que bendigan su debut a base de “featurings”, ni en productores célebres que la ayuden a capturar las tendencias adecuadas. Esto puede ser por cabezona autosuficiencia, pero también porque la chica no ha parado de enfrentarse personal y virtualmente con la crema y la nata del negocio, hasta el punto de que empezábamos a temer que ya no le quedarían aliados a los que agarrarse.

Ignoro si esa es la razón por la que ha quedado fuera del disco ATM Jam, su colaboración con el chico de oro Pharrell Williams, grabada antes de que la cosa entre ellos acabara como el rosario de la aurora.

La que sí aparece es la mentada 212, que no ha perdido un ápice de poderío, y que se sitúa cómodamente junto a otros temas de un disco repleto de bandazos estilísticos.

De hecho, hay auténticos disparates que saltan a la oreja para escandalizar o para deleitar al oyente (según el grado de purismo que se tenga), como el tema junto a ¡¡¡Ariel Pink!!! Nude Beach a Go-go, con su explosión de surf pop psicodélico, o ese Gimme a chance que empieza como un hip-hop muy “old school” y acaba convirtiéndose en una fiesta latina cantada en español (a pesar de lo cual, o quizás gracias a ello, puede considerarse uno de los grandes momentos del disco).

El resto de este debut circula en caminos más asimilables para el fan medio del R´n´B y el hip hop, y con rasgos de personalidad y actitud que nos hacen pensar que tendremos Azealia para rato. Ella de momento pone todo de su parte para que el foco no deje de apuntarle, incluyendo portada del Playboy este mes. Tonta, no es.

 

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