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Aries, Mermelada Dorada (La Castanya 2014)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

ariesmermeladadorada

¿Nunca os ha pasado que un disco os “ha entrado” maravillosamente bien pero no sabéis “ubicarlo”? Quiero decir, ¿dónde y cómo se disfruta un álbum como Mermelada Dorada? Sí, voy a usar la palabra prohibida. Es música demasiado “bonita” para nuestras ciudades agobiantes, plomizas, contaminadas. No puedes disfrutarlo mientras paseas por la calles, esquivando turistas, bicis que se creen Lewis Hamilton o skaters okupadores de plazas. No puedes llevártelo a playas donde el agua no es azul sino gris y está repleta de masajistas y vendedores de mojitos aguados. No, para poder disfrutar este disco y hacer la reseña que se merece uno tendría que poder oírlo en, que sé yo, la Polinesia. ¿Eh, jefes?

Y es que el segundo disco de Aries, el último proyecto de Isabel Fernández Reviriego, ex Elecrobikinis y Charades, suena, evoca y huele a aguas cristalinas, a tierras vírgenes, a luz y calidez. Como si los Beach Boys o los Zombies grabaran en nuestra época digital y se hubieran marchado a una recóndita isla para crear un álbum que, a veces, parece incluso conceptual por su sonido y vibraciones homogéneas. La verdad es que Mermelada Dorada invita a escucharse de un tirón. Vale la pena introducirse, dejarse llevar por las procelosas aguas de 10 temas que se acaban en un suspiro —sólo uno supera los tres minutos— más el experimental y elaborado cierre de Transmisión.

La sesión de hipnosis a la que Isabel nos somete -felizmente- comienza con Visiones, la canción estrella de Mermelada Dorada. Dos minutos y medio de glorioso pop psicodélico, suntuosa en su instrumentación y refulgente, en contraste con su letra apocalíptica. Simplemente, una de las mejores canciones del año en el indie nacional.

Sin perder esa sensación de postal de un mundo muy lejano y etéreo llegan Migrañas, donde la percusión tribal mece el tema hasta los deliciosos coros finales y la más íntima, nocturna Luz Dorada, que parece nacida través de un calidoscopio. De hecho, la presentación del disco en directo refleja ese aspecto onírico, ensoñador del álbum.

Más directa y resueltamente pop se presenta Si Te Desánime, al menos hasta su minuto final, donde el púnteo de guitarra adquiere un vuelo épico, de oleaje que se encrespa contra las rocas sin llegar a estallar. En cambio, Desde Hoy arranca como una nana que despereza para ponerse a flotar en un mar de tranquilidad y esperanza, mientras que Moverme de Aquí es una pieza más esquiva, que parece va a despuntar en cualquier momento pero prefiere quedarse en un discreto segundo plano, algo que también le sucede a Solo Quedas Tú, la más breve de todo el lote, donde la caja de ritmos se asemeja a un latido inquieto sobre el que la voz de Isabel se oye más distante y aguda que nunca.

Todo lo contrario sucede En el Sur, otra joya pop psicodélica que desarma y enamora con su sencillez entre el sutil manto de teclados . —“Llevo conmigo el sol“— canta Isabel. Preciosa y acertada definición del tema. Tampoco se queda corta Algo Mejor, donde la percusión vuelve a ganar relevancia y con sus gracioso acuáticos efectos en el poderoso estribillo. Y antes de la ya mencionada Transmisión tenemos El Ritmo del Fuego, casi dos canciones en una, primero con una declaración de intenciones en la letra —“Yo no tengo miedo / Tendré que creer en mí”— bajo un envoltorio sonoro de quietud y después un crepitante segmento instrumental donde el tema alza brevemente el vuelo.

Lo dicho —atención, dos nuevas palabras prohibidas a continuación— Un disco hermoso y diferente. Ahí es nada.

 

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