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Arctic Monkeys, “Tranquility Base Hotel & Casino” (Domino, 2018)

Autor:  | Google+ | @curtillo

A estas alturas, con casi dos semanas en el mercado, y con cientos de artículos hablando de él, poco más se puede decir del sorprendente nuevo disco de Arctic Monkeys. Si lo que esperaban era dejar con cara de póker a sus seguidores, y a los que no lo son, lo han conseguido – al final, lo que importa, es que se hable del nuevo álbum, ya sea para alabarlo, o para criticarlo-. La jugada les ha salido redonda, ya que, con el trabajo menos comercial de su carrera, están arrasando en las listas de ventas. Y hay que decir que, la gran mayoría de las críticas, son positivas.

Arctic Monkeys tienen una posición privilegiada en el mundo del rock, la cual utilizan a su antojo y cuando les conviene. Es un grupo que, en pleno 2018, con todas las bandas editando adelantos de sus discos como locos, puede permitirse el lujo de no enseñar nada hasta el mismo día de lanzamiento. Quizá, porque, a primera vista, “Tranquility Base Hotel & Casino” no tiene un single claro. Aunque queremos creer que esto se debe a que es uno de esos trabajos que merece la pena escuchar sin interrupciones. De hecho, ellos mismos, se han encardo de preparar a su público, declarando que se trata de un disco que necesita de varias escuchas. Y oye, no lo vamos a negar, pero sí es cierto que, con unas cuantas escuchas, entra casi todo.

Una vez asimilada la sorpresa inicial, y habiéndole dado el número de escuchas necesarias, hay que preguntarse si merece la pena seguir con él. La respuesta es un sí con la boca pequeña. No creo que sea uno de los grandes discos de este año, pero sí es el trabajo más sincero de Arctic Monkeys. Alex Turner lleva muchos años coqueteando con la idea de ser un crooner, y su nueva afición por el piano le ha llevado por este camino. Componer con las teclas en lugar de con las cuerdas, ha hecho que estemos ante un trabajo de corte clásico, mucho más reposado, y con un sonido que se aleja de todo lo que han hecho hasta ahora. Y no se puede decir que las canciones sean pobres, ya que, a nivel compositivo, están entre lo mejor de su carrera. Además, aunque, en un principio, pueda parecer un disco muy lineal, que de alguna forma lo es, también es un trabajo lleno de matices. Su inmersión en sonidos más propios de los sesenta y los setenta, resulta realmente atractiva, y temas como ‘Star Treatment’, ‘The World’s First Ever Monster Truck Front Flip’ o ‘Four Out Of Five’ te seducen con una enorme facilidad. Esto, en parte, es por lo bien adornado que está el disco, el cual cuenta con una producción exquisita. Algo que, según van pasando los cortes, se vuelve en su contra. Y es que, al final, la sensación que se nos queda, es que lo han adornado muy bien, pero se han olvidado meter el ingrediente necesario, ya sea en forma de melodía, o en forma de estribillo, para que la canción se quede en subconsciente del oyente. Algo, que, una persona como yo, que nunca he sido seguidor de la banda, siempre he echado en falta en sus discos. Bueno, miento, en la segunda parte de “Suck It And See” sí que atinaron del todo.

El sexto disco de la banda de Sheffield es un trabajo contradictorio, al que no se le pueden poner pegas a nivel de composición o producción, pero al que le falta un poco de alma y, por qué no decirlo, le sobran unos cuantos momentos bastante aburridos.

Valoración: 7,3

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