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Arcade Fire “Reflektor” (Universal Records, 2013)

Autor:  | Google+ | @curtillo

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Dudar del talento de Arcade Fire, a estas alturas, sería algo absurdo. La banda canadiense ha demostrado con creces que es uno de los mejores grupos de los últimos diez años, pero también han demostrado que se equivocan de vez en cuando, como en su nuevo trabajo. Este llega precedido de una campaña promocional demasiado bestia, que ha puesto las expectativas muy altas. A los de Montreal se les ha ido la mano con la duración del disco, en el que se empeñan en alargar algunas canciones que no necesitan de más de seis minutos para funcionar bien. Este es el gran fallo de “Reflektor” que, para colmo, contiene un hidden track de más de diez minutos (así pueden vender un cd doble), que no vale para nada. Vamos, que el 70% de la canción está en prácticamente en blanco –echaremos la culpa a Nirvana por haber puesto en su momento de moda este absurdo–, y el resto apenas son ruidos. Si obviamos estos detalles, realmente nos encontramos ante un trabajo muy notable, que hubiera sido sobresaliente si tuviera diez u once temas.

Mucho se hablado de la producción de James Murphy y de que este iba a ser el disco bailable de Arcade Fire, pero nada más lejos de la realidad. Se podría decir que lo más enfocado a la pista de baile en este álbum es el single, con el que lo abren. Una canción de más de siete minutos, que, aunque en un primer momento parece no decir mucho, termina enganchando de una manera espectacular. Sobre todo por su parte final, donde aparecen los coros de David Bowie y un piano que te deja a cuadros. También se podría decir que We Exist sirve para mover los pies, principalmente por su pegadiza línea de bajo que, aunque recuerda a muchas cosas, funciona. Si hay un tema que sobra aquí es Flashbulb Eyes, que no pinta nada entre We Exist y Here Comes The Night Time. Afortunadamente, tan solo dura dos y minutos y medio, y enseguida llega uno de los grandes momentos del álbum. El dúo formado por Here Comes The Night Time y Normal Person es de lo mejor que han hecho en su carrera. En la primera consiguen hacer maravillas con esas nuevas influencias haitianas que tanto se han preocupado en recalcar, y tiene un tremendo subidón con coros que llega casi al final. En la segunda, el tema más contundente del álbum, nos encontramos con los Arcade Fire más rockeros. Guitarras potentes y un estribillo épico demuestran que pueden seguir tirando de su pasado sin repetirse. Fantásticas las dos. Una de las rarezas del disco es You Already Know, un corte demasiado pop, casi AOR, que entra muy bien, pero que se agota muy rápido. Al contrario que con el resto del disco, las sucesivas escuchas terminan jugando en su contra. Con una guitarra acelerada que da paso a un ritmo pesado y cortante empieza otro de los grandes momentos de “Reflektor”. Joan Of Arc es todo un hit en el que dan protagonismo a la voz de Regine (no sé por qué no lo hacen más), que estalla con un estribillo inmenso que hace su aparición entre guitarras post-punk.

Los problemas más serios empiezan en el segundo cedé, y a las primeras de cambio. La segunda parte de Here Comes The Night Time no tiene mucho sentido –son tres minutos que nos recuerdan que existe una primera parte infinitamente mejor–. Sobra. Lo que no sobra es Awful Sound (Oh Eurydice), una canción donde la larga duración sí está justificada –especialmente porque estalla en un estribillo apoteósico–. Quizá es una concesión a la galería y les ha quedado demasiado melosa, pero es una absoluta preciosidad. It’s Never Over (Oh Orpheus) y Porno, son los dos temas más electrónicos del disco, pero son muy diferentes. Las dos han quedado un tanto planas, además de largas, y se echa de menos que terminen explotando, cosa que no pasa. Suenan bien, pero no terminan de cuajar. Menos mal que todavía les queda un cartucho y se sacan de la manga Afterlife. Aquí vuelven los Arcade Fire más luminosos y los que no tienen miedo a tirar de un estribillo épico para que la canción triunfe. Y vaya si lo hace: son cinco minutos maravillosos que sacan los colores al resto de canciones del segundo cedé. Es imposible resistirse a su ritmillo (otra vez la influencia haitiana) y no acabar echándose unos bailes con ella. Desgraciadamente, no acaban el disco aquí. Inmediatamente después lo fastidian todo con Supersymmetry, en la que aburren durante once minutos, cinco de los cuales están prácticamente en blanco. Un enorme fallo que ensombrece el resto del disco.

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