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Anntona, “Internacional” (Everlasting Records, 2017)

Autor: | @laura_guillen_

Los artistas de talla internacional -excepto Bono de U2– lo saben. El Fary lo sabía, Beyoncé lo sabe y Anntona también. A Manuel Sánchez (Anntona), es imposible detenerlo. El guitarrista de Los Punsetes, que acaba de lanzar un álbum a la altura de su talla, Internacional, sabe que el humor siempre gana.

El sello Everlasting Records  se responsabiliza del tercer trabajo en solitario del autor madrileño. “Internacional” recoge una serie de canciones pop fresquito y variado alrededor de su persona donde, al igual que en anteriores discos, la risa es protagonista. Las letras estupendas de Caramelos con droga o Y además bastante fea así lo muestran. En su último álbum, Anntona deja atrás el ‘juanpalomismo’ y cuenta con la colaboración de Sebastián Litmanovich (Cineplexx, Papaya) a la producción. A modo de paisajista sonoro del jardín anntoniano, el artista argentino vitaminiza las composiciones con arreglos, voces y musiquitas. Pero la amistad papayesca no termina aquí. A la participación de Yanara Espinoza a la batería y Miguel Aguas en los coros, se suma el acompañamiento de la banda al completo en el directo de Anntona.

El inicio del álbum suena a lo grande, cinematográfico. Al estilo del Thriller de Michael Jackson, A ver qué pasa, le obliga a una a caminar por el bosque entre aullidos y arreglos amenazadores de cuerda. Superado el canguelo, las dos primeras frases entran de lleno en la guasa: (tengo la suerte de ser Occidente y la fortuna de no estar en la tuna). Lo que parecía un asunto muy serio, se convierte en una canción de Estopa, trepidante y ligera, aunque suicida. En esa línea de autodestrucción, le sigue No me aguanto. Sobre una base de falso rock&roll y armonías vocales amables de tipo doo wap, Anntona se odia maravillosamente en público. Salpimentado con diferentes efectos, -el kris-kris de la sartén o el tecleo de la máquina de escribir-, el tema se resuelve en resignación: (tienes que vivir con eso).

El par de canciones que versan sobre la entrepierna de Anntona, Mi patria en mis gayumbos y Mi pequeño pene y yo, se oponen como el agua y el aceite. En la primera, menciones surrealistas a Fernando León y a la conciencia nacional trotan sobre una melodía electrónica y contagiosa. En cambio, la segunda navega en un mar sereno de perfecta bossa. Bien arropado por la percusión ‘brasileira’ y lo que sugiere un entusiasta coro de braguetas, el micropene animado se manifiesta como una posible vía del autor para el ridículo.

Y justo cuando la vida se le estaba haciendo demasiado larga, surge un tema hermosísimo: Aceras anchas. Manuel Sánchez se abre en canal, se empequeñece y se pregunta cosas. De la mezcla delicada del sonido algo más acústico, y la esencia mágica que sólo desprende El día que me quieras (Gardel) versionada por Roberto Carlos, nace esta belleza de canción de pocas palabras y mucha sorpresa.

La chorrada hecha baile puro, Mató al Fary, con su voz texturizada y su coro-guiño aI cómico Ignatius Farray, (¡OLRAIT!), entronca con la tradición de grupos españoles que tocan música risible. Por ejemplo: Siniestro Total, Los Petersellers, Los Ganglios, o Aviador Dro. Desde aquí, por favor se ruega que la chica que asesinó al Fary en la ficción se manifieste lo antes posible.
Ante la duda de si seguir o no en el negocio musical, Imbécil Internacional evoca alegremente a Las Voces, tema del dúo Espanto y que el propio cantautor remezcló en el álbum Errísimos (Astrohúngaro, 2011). Aquí, la gente de la órbita anntoniana, la que le importa, le jalea: (no te rajes, Anntona, no te rajes). Le continúa otra derrota, Pero te quiero, en el que Clara Gómez-Aragón pone coros y final feliz por encima de una base a lo The Ballad of Lucy Jordan de Marianne Faithfull.

Una mierda como un castillo se presenta como el reverso pesimista del tema noventero de Paul McCartney, Hope of deliverance. Las imágenes de frustración en volandas rockabillies indican que Anntona se siente viejo. Y enfermo, a jugar por la letra de la siguiente pista: La angustia es poderosa. El tema crece en densidad desde el tic-tac del reloj imaginario en vacío hasta la saturación total de la voz, imposible de entender. Eso sí; el súperobjetivo del disco, -y de gran parte de la discografía del autor-, llega alto y claro: (sólo quiero saber dónde está mi sitio).

Internacional” se cierra con la disculpa de un sádico. En clave de auto-tune, el personaje de Plástico pide perdón por prender fuego al mobiliario sueco y emocional de un ser querido. Detalles sutiles como los teclados de verbena y los embriagadores coros transportan al oyente en su escucha a días de chiringuito y sol.

Hacerse la sueca en la despedida está muy feo. Un saludo de Anntona no merece menos:
«Hola, Anntona. Nada, que me encanta el disco. Muy picadito, muy bien trufado. Y para que no te rajes, una cita motivacional: “Amor significa no tener que decir nunca lo siento” (Bob Marley).»

Valoración: 8,2

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