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Andrew Bird, Are you serious (Universal 2016)

Autor: | @sergiomiro

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Intentaré ir al grano, ya que la experiencia me recuerda que cada vez que me dispongo a escribir sobre Andrew Bird, gasto gran parte del artículo en cuestión en intentar describir con entusiasmo el inmenso talento de este violinista/cantante/compositor/arreglista/silbador, virtuoso en todo aquello que hace. Vamos a asumir que, afortunadamente, su nombre y sus méritos ya son moneda común entre el aficionado medio de la música contemporánea, por lo que podemos centrarnos en lo que nos llega en este Are you serious.

Y atención, que fiel al título, Bird se lo ha tomado muy en serio, y ha decidido entregar su obra más popera, luminosa y accesible en años, algo que muchos andábamos deseando después de sus últimos experimentos discográficos –interesantes pero frustrantemente abstractos.

Los violines, uno de los elementos que distinguen y colorean la propuesta de Bird, tienen un papel protagonista, tanto en briosos solos entre lo académico y lo sencillamente inspirado, como en punzantes pizzicatos, o en rasgueos casi folkies (no es guitarra todo lo que parece, amigos, aunque las guitarras aquí corren cargo de otro experto al que da gusto oír en cualquier contexto, el gran Blake Mills).

Igualmente importante es el groove, tal y como demuestran los temas de apertura Capsized –con su ritmo pesado y hip hopero- y la casi bailable Roma Fade, lo que confiere al disco de un brio natural del que solo se despega en algún que otro pasaje preciosista marca de la casa.

Consumado melodista, Bird sigue creando esas composiciones cantadas en la frontera que podría separar a Thom Yorke de un Thom Yorke inusitadamente optimista.

Truth lies low delata un vaivén tropical que termina de explotar en la fantástica The New Saint Jude, una pieza a medio camino entre el folk, África y Latinoamérica, digna de aparecer en cualquier disco del Paul Simon más multicultural.

Como guinda y rareza del pastel está Left Handed Kisses, uno de los temas que más han trascendido gracias a la participación de una Fiona Apple totalmente entregada (aunque a ella nunca la hemos escuchado de otra forma). Se trata de una sentida balada que podría ser Americana, podría ser morriconiana, podría ser blues… y acaba ganándose un territorio propio, el mismo que Bird lleva ya 20 años reivindicando.

 

Valoración: 8,8

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