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Algora “Verbena” (El Genio Equivocado, 2013)

Autor:  | Google+ | @curtillo

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Cuando haces un disco sincero, en el que las letras se apoyan en el costumbrismo y están plagadas de referencias actuales, corres el peligro de pegarte una buena leche. Hay que estar muy seguro del potencial de esas letras para colar menciones al big mac o que contar que te montas una relación gay con el monstruo de las galletas. Por no hablar de las continuas referencias al mundo Bear o a la cultura homosexual de Madrid. Podríamos decir que cada canción de este “Verbena” es un riesgo que Víctor Algora corre y del que, afortunadamente en la mayoría de los casos, sale bien parado.

A pesar de que el disco empieza con un corte clásico, muy de la España más gris, como El Nogal, tiene un tono vitalista, y muchos temas dan para echarse unos buenos bailes en la pista. La energía que desprende tanto la música como la letra de Terrorismo (“hay que volar el centro comercial, hay que arrasar la Gran Vía en Navidad”), es el primer gran momento de “Verbena”. Con un toque casi punk, el de Guadalajara nos deja un corte rabioso y pegadizo, que llega al clímax con esa frase incendiaria del final. Mucho más relajado se presenta en Big Mac Drama, donde nos cuenta una historia de uno de esos trabajos basura que muchos tienen que aceptar para llegar a conseguir su sueño (“algún día serás una estrella de la música, algún día serás como Suzanne Vega”). La pista de baile llega por primera vez en Aplastado por el Gogó, donde se nos enamora del típico musculitos asiduo a las discotecas de house, y en la fantástica No Bailes. Esta última, segundo single del álbum, es un tema al más puro estilo Pet Shop Boys, y cuenta con todo para convertirse en uno de los hits de 2013.

La parte más desenfadada del disco la tenemos en Bruno, el oso y en Mi vida con Triki. Las dos cuentan con numerosas referencias al mundo Bear (“hay un bosque debajo de ese traje” canta en la primera, y “ahora quieres adelgazar, con lo que me gusta a mí tu barriga” en la segunda), y las dos nos ofrecen estribillos pegadizos y casi épicos. Son dos temas que consiguen su propósito, que no es otro que el de divertir. Entre medias de estos dos cortes nos encontramos con Muerdealmohadas, la que es sin duda la canción del disco junto con No Bailes y La Era Punk. Una vez más, la historia vuelve a ser un amor no correspondido, y cuenta con el estribillo perfecto (sobre todo cuando entra por segunda vez, con esas baterías reales en primer plano). Tremenda.

Cuando se pone más clásico –en algún momento, casi folclórico–, acierta un poco menos. Es el caso de la bonita historia de Cipriana (“Cipriana tiene por dedos una escuadra y un cartabón”), en la que se le va un poco la mano con la duración (casi 8 minutos). Funciona bien la melancólica canción sobre los veranos de la adolescencia llamada Cómo construir un melocotón gigante, pero en Nutrias se le vuelve a ir la mano y termina aburriendo.

Es una pena que se haya pasado con la duración del disco, ya que, si hubiera quitado un par de temas, sería casi redondo. Tanto Monty Clift como Por favor, un superhéroe (esa guitarra me recuerda mucho a los The Cure más pop), están bien, pero no llegan al nivel de otros hits del disco –la segunda se queda cerca–. Además, hay que pasar por ellas para llegar a La Era Punk: otro de los momentos grandes del disco. Aquí nos entrega otra canción nostálgica, en la que recurre a los coros de Marina de Klaus & Kinski, y a los Pet Shop Boys de “Behaviour”. Casi se podría decir que es su Being Boring –salvando las distancias, claro–.

En resumen, en este trabajo queda claro que Víctor Algora tiene un buen futuro musical por delante. Es su tercer disco, y el primero en el que se le nota una madurez de lo más interesante, tanto en las letras como en la música.

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