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Alborotador Gomasio, Los excesos de los niños (Limbo Starr 2015)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Alborotador_Excesos

Grato descubrimiento el de los madrileños Alborotador Gomasio. Me los perdí con su debut, Más humillante que doloroso, publicado en 2013 con Discos de Paseo. Pero ahora que, tras su reciente fichaje por el siempre recomendable sello Limbo Starr, ya tenemos en la calle su segundo disco, Los excesos de los niños, vamos a subsanar ese error urgentemente. La misma celeridad y electricidad que desprende su música. Preparados, listos, ¡ya!

Abre el disco el tema que le da título, Los excesos de los niños, y lo hace a tope de feedback, como si las guitarras estuvieran cargándose de munición mientras la batería marca el paso, puro galope desbocado que estalla en un estribillo furibundo de noise-rock. Sin quitar el pie del acelerador pero poniendo el acento en el pop, digamos estilo Pains of Being Pure at the Heart, llega rauda Contra el suelo. Poco más se puede decir, son dos pepinazos incontestables.

En cambio me entran las dudas con Espíritus helados, donde la furia anterior se toma un respiro para dejar entrar a un sonido más jangle pop. Debería encantarme pero, ¿no recuerdan las estrofas demasiado a Los Secretos, igual que el almibarado fraseo de su cantante? —simplemente no puedo con ese grupo, lo siento—. Afortunadamente, la electricidad recupera presencia en otro intenso estribillo y la pieza, apenas dos minutos, rápidamente da pie a otra que supone un cambio estilístico de 360 grados. Los residuos de la sociedad es punk rock crudo y áspero, con una de las mejores letras del disco, y una magnífica correlación entre fondo y forma, con berridos de fondo incluidos, y el omnipresente crepitar de las guitarras convirtiéndose en ruidosa y afilada amenaza. Cuatro canciones y cuatro caras diferentes de Alborotador Gomasio.

Entramos en el tramo central del disco con Si te matas, más cercana en tempo y poder melódico a Contra el suelo. Quizás sea el tema más predecible y lineal de los escuchados hasta el momento, pero la verdad es que importa poco porque lo bordan. Más simpática, con esos coros tan poperos resulta El placer de la derrota, pese a que la aparente jovialidad debería entrecomillarse, ya que la letra es una diáfana muestra de la frustración causada por una sociedad opresiva. Toma contraste.

Dos de las joyas de Los excesos de los niños a continuación. En primer lugar, Fantasmas, donde Alborotador Gomasio arriesga con un tema poliédrico, con distintos cambios de ritmo en el que conviven con sorprendente naturalidad la melodía pop y la energía noise, con un impasse mágico antes del envite final pasado el minuto y medio. Y en segundo lugar, 14, como si Bob Mould —época Sugar principalmente— se hubiera nacionalizado español para impregnar de épica bien entendida y tensión noventera una canción de claro corazón pop. Magnífica.

Entramos en el trío final del álbum con Revolución, donde los teclados adquieren un novedoso protagonismo, llevando al delicado —estilo Alborotador Gomasio, las guitarras siempre presentes— tema a un escenario diferente, melancólico y apesadumbrado en el que los “pararapapapa” que aparecen al final son un desenlace lógico. Más aguerrida se presenta Los rastros de Nacho, con las guitarras sonando nítidas en sus estrofas para convertirse en martilleantes aguijones en su fulgurante estribillo, con los teclados ofreciendo un contrapunto, sutil pero evidente, para que el tema se eleve en su espídica conclusión.

Nueva vuelta de tuerca con Todos mis huesos, la más breve del lote y encargada de cerrar el disco de la forma más visceral. Invocando a Hüsker Dü y otras bandas del llamado hardcore punk norteamericano, Alborotador son capaces de navegar con coherencia entre la descarga y la agresión sonora sin perder de vista “el camino de la canción”. Abrupto final para un disco que demanda muchas escuchas. Escuchas urgentes, de esas que sirven para “recargar pilas”. Pero también reflexivas, atentas a las letras —creo que es el disco con más muertes en sus letras que jamás haya escuchado, aunque la mayoría de las mismas son figuradas, “en vida”— y dispuestas a perderse en sus recovecos, a veces angostos y crudos, pero siempre estimulantes. Nervío que esconde ideas. Furia dispuesta a hablar. Bravo. Parafraseando a Emma Goldman, las revoluciones tienen que bailarse o no serán revoluciones…

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