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Ainara LeGardon, Every minute (Aloud Music 2014)

Autor: | @sergiomiro

AinaraLeGardon_EveryMinute

Independiente como ella sola, especializada en la autogestión de su música y de su (mucho) talento, Ainara LeGardon (Bilbao, 1976) debería de ser tomada como un ejemplo real de cómo puede defenderse en la actual escena musical cualquier artista que tenga cosas que contar y que, sobre todo, tenga muchas ganas de trabajar duro para sacarlas adelante.

Every minute es su quinto trabajo, en el que lleva hasta su extremo más militante la transformación hacia el rock que ya se apuntaba en We once wished (2011). Parece mentira que en sus comienzos se llegase a mezclarla en el cajón del folk-rock, un mundillo con el que ahora ya no tiene ni un solo punto de tangencia.

Me gusta todo sequito y áspero. Quítale la reverb. (O si hace frío suelta al gatito)”, dice ella a modo de presentación en su blog personal,y esa filosofía reina durante todo el disco, comenzando con un crudísimo Last day a voz desnuda a modo de apertura, y subrayado en las otras ocho canciones, una vez entran los instrumentos grabados en riguroso y crudo directo con dos musicazos como Rubén Martínez (bajo) y Héctor Bardisa (batería).

La Ainara del 2014 suena contundente, dinámica y siempre en el filo de la explosion guitarrera. Incluso las canciones aparentemente más calmadas, como White o To each other suenan desafiantes y generan la inquietud en el oyente de que la “bestia LeGardon” puede despertar en cualquier momento. Representan decisiones muy sabias a la hora de dar respiro dentro de la duración de un disco sin que por ello el trabajo pierda su discurso interno (este uso de pausas y subidas y bajadas de intensidades también se produce dentro de las canciones más potentes).

Si necesitaba algún tipo de confirmación, Ainara LeGardon puede aspirar con este disco a consolidarse como un nombre muy importante dentro de la escena –en la que caben mujeres guitarra en mano que no sean clones de Russian Red-, y con toda seguridad estas nuevas canciones contribuirán a convertir sus conciertos en experiencias aún más intensas e irrepetibles.

Como no podría ser de otra manera, la propia edición del disco tiene mucho de militancia independiente y de mimo por el detalle, limitándose a 250 copias en CD, numeradas a mano y con un cuidado trabajo de presentación con serigrafías del artista Ramon Zabalegui.

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