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Agnes Obel, “Citizen of Glass” (PIAS, 2016)

Autor: | @sergiomiro

Uno de los miedos de Agnes Obel es la tendencia del llamado primer mundo a convertirnos, casi de manera obligada, en ciudadanos de cristal.  Nuestra biografía, nuestros gustos, nuestras obsesiones y nuestras inquietudes han de quedar abiertos para que el mundo los vea, opine sobre ellos y, de paso, pueda decir si “les gusta” o no.  La artista danesa no se ha terminado de adaptar a esos comportamientos, y de momento no parece que vayamos a verla incendiando las redes con ejercicios de sobreexposición. Pero sí que quería usar ese concepto de ciudadanos de cristal para desprenderse de algo de su opacidad natural a través del vehículo que le resulta más cómodo, la música.

Con ese concepto por bandera, Obel empezó a construir su tercer disco desde su piso en Berlín, un proceso que luego se completó con las aportaciones de interesantes y variopintos músicos grabados en un estudio profesional. El resultado es un trabajo mucho más complejo y apasionante que los dos dignos discos que lo preceden en la carrera de Obel.

Podríamos decir que esto es pop, pero al mismo tiempo se dejan caer otros sonidos que lo mismo beben de la música clásica que del folk más oscuro, que de la música clásica. No busquen guitarras (ni eléctricas, ni acústicas, ni siquiera de nylon), bajos o baterías. Tampoco la cosa se limita a la intimidad pianística de su disco anterior, “Aventine (2013), aunque algo de eso quede en bellezas como el vals “It´s happening again”. La instrumentación aquí es rica y elaborada, a base de muchas cuerdas (arqueadas o pulsadas), percusiones precisas, y todo tipo de teclas, incluyendo melotrones, celestas (que en ‘Stone’ pueden pasar por un arpa para oídos menos entrenados y llegarnos a recordar a Joanna Newsom, esa otra gran trovadora) y un curioso armatoste de 1920 llamado Trautonium, del cual por lo visto sólo quedan dos en el mundo.

A pesar de la delicadeza predominante, Obel se revela también como una compositora e intérprete especialmente intensa, capaz de crear al mismo tiempo emoción e inquietud. Su sed de buscar nuevas opciones sonoras con las que expresarse le lleva en esta ocasión a jugar con el “pitch” para alterar su voz, llegando al paroxismo en la fantástica ‘Familiar’, donde hace dueto con ella misma, con una voz bajada de tono que suena a una curiosa mezcla entre Anohni y Hayden Thorpe (Wild Beasts).

Valoración: 8

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