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Abdominable Gallina Nauseabunda “Esperant la Fi del món” ( Música Global, 2012)

Autor: | @indienauta

gallinaabdominable

Que no os engañe su nauseabundo nombre: detrás de ésta gallina se esconde el proyecto en solitario de Pep Rius, miembro de Raydibaum y La Companyia Elèctrica Dharma, un músico de solvencia más que contrastada, de educación sentimental noventera y un talento en ciernes que se deja ver, ya con creces, en este primer trabajo en solitario.


Esperant la Fi del món ( Música Global, 2012) es un disco pequeñito y humilde, casi artesano, sin grandes aspavientos en la instrumentación y con un punto de maqueta casera que, lejos de dejarlo inacabado, le otorga un encanto indeterminado, a medio camino entre cantautor de bar perdido en la ciudad y un profesor de música de primaria que toca en una banda al salir de clase. Y, claro, la pregunta surge inevitablemente: ¿ Sería un disco mejor si uno tuviera la sensación, al escucharlo, que ha existido un ingente despliegue de medios en su realización? Pues posiblemente no, porque si en algún sitio reside su virtud es en la sencillez con la que se unen letras que cabalgan entre lo impersonal y lo intimista, con ironía y cierta nostalgia y melodías que componen una amalgama de tempos e intensidades con el denominador común del folk de raíz norteamericana ( “Res a perdre”, Moment Inoportú” “Avorrit” ) mitigado a veces bajo el parasol de la distorsión ( “Ballar”) y ciertos guiños a héroes modernos de la canción en catalán como el que hace a Quimi Portet en “Nena i Botiguer” y el innegable aire Raydibaum, que sin llegar a ser un lastre, le confiere la producción de Valen Nieto.

¿Qué queda camino por recorrer todavía? Sí. ¿Que tenemos que estar atentos a La Gallina? También. Porque más allá de esta explosión creativa, de la urgencia y la incontinencia que se respira en todo primer trabajo, escuchando éste disco, uno tiene la sensación de que va creciendo poco a poco y la imaginación llena todos ésos pequeños vacíos técnicos que, con suerte, quedarán cubiertos en próximos trabajos.

En un tiempo en que todo suena a hitazo indiscutible, se agradece un disco sincero, que se nota que está hecho desde la ilusión y el esfuerzo, con sus pequeños pecados de primer disco y sus ganas de gustar. Puede que la Gallina aún sea un pollito que acaba de romper el cascarón. Démosle tiempo.

 

 

 

 

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