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Crónica: Territorios Sevilla 2010

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Decimotercera edición del Festival Territorios de Sevilla, repitiendo el formato de los últimos años. Tres días, 3, 4 y 5 de Junio dedicados cada uno de ellos a musicas de calado muy diferente: Territorios África, Territorios Pop-Rock y Territorios Hip-Hop.


Por la temática antes mencionada he asistido al Festival únicamente los días 4 y 5 de Junio.

Viernes 4 de Junio. Territorios Pop-Rock, 2010.

Tindersticks

Mejor mostrar mis cartas de antemano. Territorios comienza para mí el mismo viernes al mediodía, en la Plaza de la Alameda de Sevilla, donde desde un autobús se retransmite en directo el programa “Carne Cruda” de Radio 3, con, entre otras cosas, una entrevista a Stuart Staples y David Boulter, o lo que es lo mismo Tindersticks. Y ahí me tenéis al término de la misma, a la caza de un magnífico autógrafo estampado sobre la carátula de “Curtains” que finalmente consigo. Un par de horas antes había estado revolviendo entre mi colección de discos para decidir cuál de ellos quería tener firmado. Relativamente fácil, cualquiera de los tres primeros discos del grupo tienen un hueco en mi Historia del Rock.

Ya en el Monasterio de la Cartuja, donde Tindersticks levanta el telón esa noche, pronto me doy cuenta de un par de detalles, ni Tindersticks han arrastrado a una legión de seguidores a su concierto en Sevilla, ni vienen dispuestos a hacer concesiones a la galería. Una elegante y sobria puesta en escena, con instrumentos repartidos por doquier, donde siete músicos (esto último debería escribirlo con mayúsculas), ponen banda sonora a la tristeza. Se olvidan de sus temas más accesibles, que los tienen, y se centran en lo más descarnado de su repertorio, especialmente de sus dos primeros discos (“Tindersticks”, 1993 y “Tindersticks”, 1995). Resultado: un elegante concierto para fans, aunque yo no los veo, y un buen montón de gente en otro escenario viendo a unos maravillosos marcianos de esta tierra, tan dada al surrealismo, llamados Pony Bravo. Por los comentarios que recibo, gran concierto el de Pony Bravo, aunque no puedo permitirme escribir sobre ellos pues sólo pude ver y escuchar un tema al término del concierto de Tindersticks.

Los Planetas.

Evidencia más que evidente, ¿a quién ha ido a ver esta noche la gente?. Qué duda cabe. Los Planetas, tan pródigos ellos en cualquier festival que se precie, no lo son tanto en Sevilla, y se nota. Hay hambre de ellos y ellos lo saben. A estas alturas, y con la carrera que arrastra, este grupo juega en otra división. Entre sus méritos, la constancia y su capacidad de innovación. Lejos de la comodidad de lo seguro deciden reinventarse como flamencos lisérgicos, y ¡encima les sale bien!. Así discurre la primera parte del concierto, desgranando temas de sus dos últimos discos “La Leyenda del Espacio” y “Una Ópera Egipcia”, con una sola mirada atrás: “Rey Sombra”. Imaginería arábigo-digital-barroca-psicodélica proyectada a sus espaldas para resalzar, si cabe, su no tan nueva propuesta de noise-flamenco (como bien me señala Jesús Morillo al escuchar el estribillo final de “Santos que yo te pinte”). El público aguarda impaciente la segunda parte, y Los Planetas destapan el tarro de las esencias: “Nunca me entero de nada”, “Santos que yo te pinte”, “Segundo premio”, “Devuélveme la pasta”, “El artista madridista”, “Reunión en la cumbre” y “Alegrías del incendio”, y de postre: “Canción del fin del mundo” y “Pesadilla en el Parque de Atracciones”. Poco importan las limitaciones vocales de J, o que no suenen temas como “Mi hermana pequeña”, “Qué puedo hacer” o “Un buen día”. Los Planetas apenas ojean el retrovisor, y con un repertorio centrado en sus últimos tres discos, y sólo cinco temas de los cinco anteriores, son capaces de  conviertir el concierto en un karaoke colectivo. Esto por estas tierras tiene un nombre: ¡poderío!. J se despide de Sevilla deseando el ascenso del Betis. Ahí queda eso.

Del resto de grupos del día bien poco puedo hablar. Me quedo con las ganas de ver a Maika Makovski y a Nudo Zurdo, simultáneos a Tindersticks y Los Planetas respectivamente. Para quien está metido dentro, no es fácil moverse de un escenario a otro, y entre ver mal a todos los grupos, decido ver bien a muy pocos. De otros, como Rinôçérôse y Pantha du Prince, por lo poco visto tampoco puedo tener una opinión bien formada.   

Sábado 5 de Junio. Territorios Hip-Hop, 2010.

 Public Enemy

 Lo he de confesar, el hip-hop no es una de mis músicas favoritas, pero creo que el cartel de este año en Territorios, bien merecía la pena. La sola presencia de Public Enemy, unos de los padres del invento, y creadores de dos grandes joyas del género (“It takes a nation of millions to hold us back” y “Fear of a black planet”), junto a la de un puñado de sus epígonos hispanos, y entre ellos de los reyes locales SFDK, es más que suficiente poder de convocatoria.

Public Enemy se hacen esperar un rato, mientras, un dj se encarga de calentar el ambiente anunciando al público lo que se les viene encima. El escenario, con una tela enorme con el logotipo más conocido de los neoyorquinos, (el de la mira telescópica), poco a poco se va poblando de gente del colectivo, entre ellos, dos miembros de la Security of the first world ataviados a la guisa de Operación Tormenta del Desierto. Al poco, lo que pareceía anunciarse con tono de actividad circense es toda una realidad: Chuck D y Flavour Flav, los dos supervivientes del grupo original, disparando su repertorio de combate en un espectáculo enérgico. Acompañados de una sección rítmica de guitarra-bajo-batería, uno tras otro van disparando temas entre los que intercalan un buen montón de clásicos (pedir que recuerde el orden, es mucho pedir): “Power to the people”, “Fear of a black planet”, “Bring the noise”, “Don´t believe the hype”, y como no, “Fight the power”, entre otros. A mitad de concierto Flavour Flav se marca un tema a la batería, y al final, en el mismo escenario que ha recorrido de forma maratoniana junto a Chuck D, se queda sólo arengando por la paz mundial con Bob Marley de fondo musical. Por poner un pero, me queda cierta sensación de monotonía musical, aunque estoy seguro de ninguno de los que estuvieron bailando allí compartirán mi opinión. Así pues, Public Enemy nº1.

Del resto, y por lo expuesto en primer lugar, prefiero no opinar, aunque una cosa quede clara: SFDK, ¡sí son profetas en su tierra!.



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