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Crónica: Summercase 2008


Un nuevo verano y nueva cita con Sinnamon Records y su Summercase, que este año sobrecargado de festivales afronta la coincidencia de fechas con el FIB. Lo primero que se aprecia nada más llegar al recinto del Fórum, es un clarísimo paso adelante en la organización del evento.


Se han suprimido, por fin, las asfixiantes carpas que convertían el concierto de tu artista favorito en una inaguantable sesión de sauna turca. También se ha mejorado el apartado gastronómico (uno aún siente escalofríos recordando los “bocadillos” del año pasado), aunque sigue echándose en falta variedad y sobretodo más puntos de venta; no es lógico concentrar la oferta para miles de personas en un único puesto. También llama la atención el nuevo concepto del vaso alquilable para limitar la producción de basura, una interesante idea de cara al medio ambiente a pesar de conllevar la ligera molestia de tener que cargar con el vaso todo el festival. Eso sí, un pequeño tirón de orejas a la organización: no es de recibo que las taquillas dejen de aceptar la devolución del vaso antes de que acabe el festival.


Viernes


Llegamos justo a tiempo de presenciar parte de la voluntariosa actuación de Edwyn Collins, quién hizo todo lo posible para superar sus gravísimos y evidentes problemas físicos y se las arregló para conseguirlo. Todo un ejemplo. Ian Brown en cambio demostró que su carrera en solitario no despierta ni de lejos el mismo interés que su antiguo grupo con una actuación sosa y plana que sólo remontó ligeramente cuando finalizó, chico listo, con los himnos inmortales de Stone Roses. Y es que maravillas como “I wanna be adored” o “This is the one” sobreviven incluso a la más mecánica interpretación. Grinderman no lo tenían demasiado difícil para epatar, y arrancaron con salvajismo y frenesí casi excesivos (festival de tropezones, enganches de cable y caídas de instrumentos al principio) amén de un sonido atronador hasta límites casi excesivos. El Nick Cave más desmedido y el Warren Ellis más épico y mesiánico para una tremenda actuación de rock desgarrado en difícil equilibrio entre la impostura y la emoción. Afortunadamente hubo más de esta última.


El comienzo del concierto de Blondie evidencia que la nueva distribución del escenario Walkman no es la idónea. Que la entrada se realice a través de las gradas (ya llenas de fans sentados) convierte en una odisea acercarse a Debbie Harry y los suyos. Pero la mejor puesta en escena de todo el festival y un sonido perfecto pronto hacen olvidar toda molestia. Demasiados hits quedaron fuera de la actuación, pero pelotazos como “Heart of glass”, “Call me” y sobre todo una brutal “Atomic” fueron suficientes para bordar una excelente actuación que, sin embargo, pronto se quedó en simple calentamiento ante el impresionante show de Interpol. Con tres discos a cual mejor incluyendo un debut para una multinacional con un disco difícil y nada autocomplaciente, Paul Banks y sus chicos han dado argumentos más que suficientes para cerrar la boca de los que les consideraron un hype más. En perfecta comunión con el público interpretaron con convicción y pasión lo mejor de su prodigioso repertorio (“Slow hands”, “Evil “, “Obstacle n1”, “Rest my chemistry” y tantas otras). Las comparaciones con Joy Division o The Chameleons ya no son una losa, Interpol han reconvertido sus influencias en una personalidad propia y de peso. A partir de aquí, el viernes parece acelerarse mientras saltamos de un concierto a otro ¿Maxïmo Park otra vez? Lo siento, una actuación energética, como siempre, pero demasiado ajo. Nunca disfruté de The Verve en su momento y al poco rato me doy cuenta de que tampoco lo haré ahora. Increíble pero cierto: bostezo durante la actuación de Primal Scream. Después de haber visto sus explosivas actuaciones en pasados festivales me cuesta creer que esté viendo al mismo grupo. Decepción sonada. Posiblemente sus dos últimos discos diluyan su potencia, en cualquier caso a media actuación ya estábamos en el césped reponiendo fuerzas para los últimos bailes con los DJ’s.


Sábado


El sábado comienza con unos The Kooks que, a juzgar por la respuesta del público, merecían una hora más tardía. Not my cup of tea pero un buen show, lo reconozco. Nos acercamos al final de unos Shout Of Louds que traen a la mente a los The Cure más bailables. Entretenidos. De allí pasamos a comprobar que Dorian, por mucho que hayan dado en el clavo con canciones excelentes como “A cualquier otra parte”, siguen necesitando con urgencia un cantante de verdad para el directo. Y The Breeders, tristemente, parece que necesitan directamente la UVI. Daba la sensación que Kim Deal se lo pasaba en grande. Nosotros, me temo que no. Planas y aburridas hasta decir basta, el revival 90’s todavía tendrá que esperar un poco. Menos mal que Los Campesinos! sí saben montar una fiesta con su folk-pop saltarín aunque hubiera dado mejor resultado más tarde y en un escenario más grande. Es bastante injusto que The Stranglers atrajeran poco público porque demostraron mantenerse en forma con un concierto sólido y profesional. Siempre va bien escuchar joyas como “Always the sun” o “Golden Brown” por mucho que la gente sólo responda bien a la versión de “All day and all of the night”. Kings Of Leon sí tienen un gran cantante y suenan como quieren. Rock musculoso y sonido perfecto que hizo las delicias de los fans. Un buen show por más que personalmente no me seduzcan por completo. Estamos demasiado cansados para gozar plenamente de Mogwai y su “Young team” así que los escuchamos de lejos, reponiendo fuerzas. Bien, pero lejos de la explosiva actuación de hace un par de años en el mismo recinto. Y llega el gran ¿timo? del rock’n’roll. El gran problema con Sex Pistols es que es casi imposible descontextualizar su música de todo lo que la rodea: la política, la actitud, la imagen… la leyenda. Si no eres capaz de hacerlo, aquello fue un fraude en toda regla: unos hooligans gordos, forrados y que viajan en limousine cantando al anarquismo y predicando el “no future”. Pero si logras el milagro de fijarte únicamente en la música y, como yo, piensas que “Never mind the bollocks” es sencillamente uno de los diez mejores discos de la historia del rock, ay amigo, entonces tienes el mejor repertorio de todo el festival interpretado a la perfección con atronadora potencia. Una apisonadora de riffs y ritmos que me tuvo saltando y bailando pogos de principio a fin. Un puto conciertazo, y ya podéis lapidarme si queréis. Gordo y viejo pero igual de chalado, John Lydon ya no es Johnny Rotten, ya no es peligroso (¿o sí? que le pregunte al pobre Kele Okereke que tuvo que ser rescatado de los puños del señor Lydon por –dicen- reclamar la vuelta de P.I.L.) pero sigue siendo carisma puro. Es todo un shock pasar del no future al universo de globos y pop bailable de CSS, divertidas, contagiosas y lo más apropiado para ese momento. Quedan Los Planetas, pero programados a una hora nefasta donde apetece más bailar al ritmo daftpunkiano de The Requesters o la tremenda sesión electrohouse de Tiga. Y a eso fuimos. Para terminar, un Amable fin de fiesta, con una disfrutable aunque muy pero que muy predecible selección de rompepistas indies (por el amor de dios, Joy Division grabaron más canciones aparte de “Love will tear us apart”) despidiendo a un festival que se afianza cada vez más como cita insoslayable para empezar (bien) el verano.


Fotos: Xou Lee Ta



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