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Crónica Sónar 2008


Y de nuevo la llegada del verano la anunció el Sónar de Barcelona. El jueves aterrizó en la ciudad un exagerado calor que se unió al color que desde el lunes teñía el centro de la ciudad. Beats, extranjeros, acreditados por todos lados, la-bolsa-de-este-año, las gafas opacas, los bebés tecnócratas…


Sónar es desde hace tiempo, y gracias a la cantidad de contraprogramaciones que surgen a su amparo, un estilo de vida, una forma de vivir la ciudad y de excitar a sus gentes. Este año el cartel presumía de 'bastardismo' y feminismo, de cruzar líneas estilísticas imposibles y de estudiar cómo unos estilos se retroalimentan y se contagian de otros. Una propuesta atractiva para un evento que no le hace ascos a nada y que no da la espalda a nadie.


Jueves: asistimos a primera hora a la que era una de la citas imperdibles de Sónar de Día, aunque casi nadie pareciera advertirlo: Pram. Los de Birmingham encandilaron con su lounge extraterrestre y cinematográfico, acompañado de unas evocadoras proyecciones. Eso sí: echamos en falta la voz en algún tema de Rosie Cuckston, quien no se atrevió a pronunciarse. En Sónar Park, descarado y festivo, calentaba motores Chacho Brodas junto a toda su muchachada. Durante esta primera jornada, nos perdimos a Camille en su especial pase en el Palau de la Música, en lo que muchos dicen que fue uno de los grandes conciertos del festival. Aún así, su tramposo 'Music Hole' sigue sin conquistarnos frente a la magia de aquel debut con el que nos conquistara hace unas temporadas. Asimismo, el festival estrenaba en esta edición Sonar de Noche en la jornada del jueves: Goldfrapp con su esquelético y risible 'Seventh Tree' bajo el brazo, Leila en su regreso a la actualidad discográfica y debutando en directo, y el siempre interesante Ben Watt, 50% de Everything But The Girl, a los platos. A tal propuesta (pomposa en calidad, pero raquítica en cantidad para una Gran Vía 2) las masas no peregrinaron en exceso…


Viernes: la siempre interesante muestra SonarMática proponía este año un viaje a las relaciones entre cine y realidad, a la prehistoria del movimiento fílmico y al mundo de los dioramas, bajo interesantes escarceos virtuales con un futuro que ya está aquí. Tras la cancelación de Konono No 1 y el directo improvisado -y ya manido- de lo que en principio iba a ser un dj set de El Guincho, SonarVillage recibía el lounge electrónico y paisajista de un Quiet Village ideal para la hora del sol. Nos contaron que, mientras tanto, el candor de Tender Forever dejó boquiabierto y emocionado a todo el Sónar Hall con sus miniaturas deliciosas a la guitarra y acompañada de una… Wii. Más sensaciones de aquella tarde: Daedelus sorprendió en SonarDôme con su pericia, sus samples y su violín; Kalabrese presentó su Rumpelzirkus Orchestra preñando la tarde de funk sensual y amorfo; y en SonarHall el descaro vertiginoso de las poderosas bollos Yo Majesty se convirtió en una de las revelaciones del festival.  Llegaba el turno de Yellow Swans, en lo que era su concierto de despedida. El combo de noise que en apenas 5 años de existencia se ha granjeado ese aura de culto, provocó verdaderas erupciones musicales en la primera parte de su set, instalándose luego en una monotonía ciertamente lineal y siempre abrasiva. Por último, Deepchord Presents Echospace no parecieron dar sentido al enorme hype que les ha rodeado, con un techno-dub intransigente, opaco y demasiado estático al que fue difícil acceder bajo la carpa de SonarDôme. Oídos amigos nos contaron retales de lo que fue el viernes el Sónar de Noche: Madness desengrasaron las macropuertas del macrorecinto con su verbena ska, Yelle hizo saltar hasta a los de sonido, y Diplo lo mismo, pero más alto y más fuerte. Justice estuvieron potentísimos parapetados bajo su trinchera de bafles y su sagrada cruz, pero su directo fue el mismo de siempre, y Róisín Murphy, pletórica e hipersexy, se coronó reina del festival con su elegantísimo set (por cierto, ambos coincidan exactamente con Richie Hawtin: ¡esos horarios!). El hype de 2008, Hercules & Love Affair, parece ser que no tuvieron su día, ni el sonido, ni la pegada que se esperaba. Por cierto, se rumoreaba desde hace semanas que andan mosqueadísimos con Antony, que ni se hablan… así que el que esperara ver al pájaro herido aparecer sobre el escenario se quedó, claro, con las ganas. Más: el joven maestro a los platos Erol Alkan canceló su set y Frankie Knuckles aportó al festival la dosis de leyenda viva de la noche.


Sábado: de día nos perdimos a las excitadas The Duloks, a los desquiciados experimentos de Matmos, a los juegos perversos de Coh Plays Cosey y a las techno-nubes vaporosas de The Field. Pero a las 22h ya enfilábamos hacia Sónar de Noche para no perdernos al verdadero cabeza de cartel de este año: Yazoo. Llegamos un poco antes, para disfrutar con Dj Yoda. Lo suyo debería ser asignatura obligatoria: sus scratches con dvd conforman sesiones que a uno sólo pueden dejarle con la boca acierta. Con 20 minutos de retraso, y para una actuación que apenas duraría 45, salieron al escenario de SonarClub Allison Moyet y Vince Clarke. Simpática y fondona ella, impávido a los teclados él, parecían un remedo cool de Fangoria. Conformaron un show conciso, precioso y altamente emocional, de una poderosa fuerza cold-wave, con guiños a la EBM y a las melodías de Leonard Cohen. 'In My Room', 'Walk Away From Love', 'Don't Go' y 'Only You', sonaron con toda su magia y chispa. Fue algo inolvidable para quien esto escribe y para todos los fans que estaban allí (parece mentira que hoy nadie se acuerde de que el señor Clarke fue el fundador de Depeche Mode…) Por otra parte, se esperaba mucho más de los divertidos Neon Neon y de su genial 'Stainless Style', algo que no lograron con un formato de banda de rock ciertamente patética y algo faltos de energía. La apisonadora Soulwax, el cafre-punk de Bonde do Role, el regreso de los otrora protagonistas Antipop Consortium, la eficiencia de una Miss Kittin militante, el festín que suponen las sesiones de Mehdi Vs A-Trak, los nuevos popes del mundo electrónico como SebastiAn, Clark y Pantha du Prince, el master Ricardo Villalobos y los sagrados techno-gods Jeff Mills y Mike Banks, dijeron adiós al festival en una noche algo más floja de público que la del viernes, la cual había batido récords de asistencia.


La decimoquinta edición el festival se saldó con un total de 82.000 asistentes, cobijados bajo el paraguas uno de los carteles más sugerentes de sus últimos años. Mirando hacia delante, como siempre, la organización ya ha anunciado la inminencia de nuevas citas en Tokio y Sao Paulo, y la ilusión de debutar pronto en Estados Unidos, concretamente en Miami o a Los Ángeles. Esperemos que así sea, aunque no podamos asistir.

 

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