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Crónica: San Miguel Primavera Sound 2010

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Diez años de Primavera. Una década, que se dice pronto. Y aquí seguimos, fieles al que sin duda se ha convertido en el festival indie de referencia de la ciudad. Año tras año la organización ha conseguido carteles cuidados, variados y en muchas ocasiones espectaculares y sorprendentes. Pero además, han logrado una merecida fama de festival cómodo, que ha sabido aprovechar a la perfección el espacio ofrecido por el Fórum y ha aprendido de los inevitables errores para lograr que en cada edición esté todo mejor calculado en beneficio de los asistentes. 


Jueves 28/05/10

El Primavera empieza haciendo honor a su nombre,  con una preciosa y soleada tarde. Gafas de sol, pantalones cortos y gente. MUCHA gente para un jueves (la organización confirmará  más tarde que ha sido el año con más audiencia, la impresionante cantidad de 31.200 personas) y muchos, muchos extranjeros que dan fe de la consolidación internacional del festival. 

La mano cornuda.

Nada más entrar en el recinto, me reciben los poderosos guitarrazos de Biscuit. Actitud rockera old style, chulería, poses a lo  Pete Townshend y riffs prestados por The Cult. Me encanta. Penica que fuera casi el final del show porque definitivamente el festival necesita más de esto. O yo, vamos.

I lost my 15 minutes.

Con la experiencia de una década de festivales esquivo las ingentes colas de las primeras casillas de tickets de bebida para ir a las del escenario A Tomar Por etc. Es un paseíto, pero mucho más breve y agradable que la cola. Vuelvo a tiempo de ver a BIS que presentan su batiburrillo punk-tecno-pop con ganas y alegría. Pero ya no es su momento y todo está en su contra: el solazo, el poco público, el todavía escaso nivel de alcohol en sangre, el flojo sonido y sobre todo el ser autores de uno de los mejores rompepistas de la historia. Sí, canciones como “Monstarr” o “Kill yr boyfriend” también son contagiosas y sonaron bien, pero “Eurodisco”, con la que lógicamente cerraron, proyecta una inmensa sombra que eclipsa todo lo que tiene al lado.

Drum solo!!!

The Wave Pictures aman tocar hasta el punto de parecer su propio público. Uno podría pensar que estaban de barbacoa en casa de sus amigotes, bebiendo cerveza y arrancando sonidos a sus instrumentos por el puro placer de hacerlo, felices como niños mientas sueltan solo tras solo (“¿A que es el primer solo de batería que oís en 2010? No será el último, luego tocamos otro”) No se olvidan, por supuesto, de joyitas como “I love you like a madman” o “Leave that scene behind” pero si de muchas otras que se echaron de menos, bajando el show de grande a correcto. “¿Ya??” gesticula sorprendido el bajista cuando le dicen que se acabó. Sí chico, el tiempo vuela cuando lo pasas bien. Y cuando alargas tanto las canciones.

El último punk

Nadar entre la ingente multitud que se agolpa ante The Fall no es fácil. Tampoco lo es mantener reputación y atractivo (musical, no me piensen mal) después de 3 décadas y como medio centenar de discos, pero ahí esta Mark E. Smith, totalmente a su bola, con nulo carisma escénico al uso, voz justita, siendo amables, pero convenciendo a base de guitarras post-punk y mala baba mientras se pasea por el escenario cantando como le da la gana o tocando los instrumentos de sus músicos como y cuando quiere. Muy bien.

Mi rollo es el rock

Pausa del bocata. Sólo veo una pequeña parte de Superchunk, pero es suficiente para constatar que a su indie-rock aún le sobra potencia eléctrica como para apabullar al público más curtido, especialmente cuando se une el cantante de Les Savy Fav a la tormenta. Arrolladores y más que convincentes. 

Cadenas de oro y gotas de lluvia

Por supuesto que estamos todos en The XX. Tratándose de un grupo que ha conquistado a base sobre todo de sus tensas atmósferas de rock gótico minimalista, no pueden quejarse del ambiente ceremonial que envolvió su show. Nubes amenazantes enmarcan el escenario, oficiantes de negro riguroso en fondo negro sobre el que destaca el cadenón que lleva Oliver Sim al cuello, gélidas y espaciadas gotas caen sobre las cabezas de los fieles expectantes, sonido congelado y oscuro. Han captado mi atención. El único problema es que una vez en alerta sigo esperando a que pase algo.

El mal sonido amansa a las fieras

Les tenía ganas a los gorgoritos melodramáticos de Wild Beasts. Su pop épico a medio camino entre Morrissey y Antony convence, y mucho, en disco. Pero ay, el tradicional sonido reverberante del escenario Pitchfork (esas columnas y esos techos en diente de sierra…) elimino todo brillo y matices en su trabajo. Por suerte buena parte de su gancho está en las voces, excelentes a pesar de todo. Algo es algo, pero pudo ser mucho más.

Cócteles bien fríos

OK, vi el concierto de Broken Social Scene desde el camión de nuestro amigo Jack (si hombre, el Daniels), matadme. En cualquier caso, incluso desde allí me quedó claro que los ciento y la madre componentes de la banda-familia-colectivo (añadamos al gran Owen Pallett, por si no tenemos bastante) pueden ser grandes músicos... pero que su show no es para mí. Igual si bajo hasta el escenario... ¿Cómo? ¿Otro coctel de Jack con mandarina? Sí, por favor.

Back to the future

Si Superchunk demostraron con uñas y dientes que el rock indie más clásico sigue siendo válido en 2010, Pavement hicieron lo propio con el pop. Impresionante actuación de un grupo que parecía salido de una perfecta cámara criogénica. Como si el reloj se hubiera detenido en los 90, Malkmus & co se mostraron exactamente igual de energéticos, divertidos y emocionantes que hace 15 años, fueron una auténtica fiesta para los que crecimos con ellos y una excelente introducción para cualquiera que aún no les conociera. Se sacaron de encima “Cut your hair” a las primeras de cambio y fueron dosificando el resto de sus hits a la perfección para que el show no decayera en ningún momento. Así se hace. 
 
Son las 02:00 de un jueves laborable. Mi corazón me quiere llevar a Fuck Buttons, Moderat, Delorean y Apse pero mi cabeza, tan sensata ella, me recuerda que si corro a la cama a lo mejor duermo casi 4 horas y no estoy muerto del todo por la mañana, así que lo dejamos aquí por ahora. 
 
Viernes 29/05/10

Entro en el festival y una rápida mirada al programa me (mal) dice: Hope Sandoval ya debe estar a medio show en el Auditori. Me mordería el culo de rabia por lento, pero es lo que hay y quedan muchas cosas por delante. 

Me gustas cuando eres funesto

Echo un fugaz vistazo al grupo que anima el stand de Myspace. Resultan ser Cuerpos, el nuevo grupo de Miguel B. Nuñez (Humbert Humbert) y lo cierto es que disfruto mucho con su afterpunk histérico y electrizante. Empezamos bien.

Orgasmatrón

La verdad es que me sorprende que se haya programado a un grupo del calibre de The New Pornographers tan pronto. Pero todo da igual en cuanto toman posiciones e inician la descarga. Impresionantes de principio a fin, encadenaron sus temas más rockeros (apenas un respiro con “Challengers”) y básicamente, arrasaron. Varios amigos me comentaban que el sonido desde el fondo era infame. Pues sólo puedo decir que lo siento de veras por los que no estuvieron en el cielo de las primeras filas.

Piano fortisssimo

Ya es un poco tarde para gozar de Scout Niblett pero aún veo un par de (excelentes) canciones antes de echar un vistazo a The Oooh Sees y Delco, pero nada que me seduzca. Como el cansancio y el hambre empiezan a pasar factura y Spoon parece que han comprado su equipo de sonido a My Bloody Valentine (au), salgo de las primeras filas y me tumbo a comer y relajarme en lo que queda del césped (¿qué ha pasado? ¿Atila?). No es la mejor manera de disfrutar del energético pop de los de Austin pero uno es humano.

Crowded house

Y vamos con Beach House y la gran cagada del festival. Los que creíamos que Modest Mouse habían reventado el escenario ATP, vamos a tener que revisar nuestra definición de reventar. Ni un alfiler; pista, gradas, escaleras… hasta la zona de juncos de la izquierda, que teniendo en cuenta para qué la utiliza la gente a ciertas horas yo no pisaría ni con botas de goma, todo absolutamente repleto. Después de 3 canciones zarandeado de aquí para allá por gente que intentaba situarse, desplazarse o simplemente huir de allí, decido que esto es ridículo, le dedico mis peores deseos al tipo que programado al grupo en esa ratonera y me largo. Y mientras las Cocorosie a sus anchas en el escenario Rayban. No hay justicia.

Adventures in modern music

Con Wire la cosa cambia. Llegamos sin problema a las primeras filas y dejamos que nos inunde su marea eléctrica. No tardan ni media canción en quitarme el mal rollo con su inimitable y agresiva visión del post-punk. Fieros, sólidos como una roca y siempre una garantía. Un gustazo, oigan

Vacas sagradas vs. vacas locas

Y llega el inevitable y temido momento de cualquier festival: los solapamientos. A Wilco los dejo de lado sin mucho remordimiento después de haberles visto un porrón de veces, lo que me deja con el dilema Japandroids vs. Les Savy Fav.  El “Post-nothing” de Japandroids es un canto de sirena casi irresistible pero a mi dieta festivalera de este año le falta fibra así que aprovecho la carga que aún me dura de Wire y me voy a por LSF. Y Tim Harrington, el terror de los técnicos, me agarra por el cuello y no deja que me arrepienta. Disfraces, pogos, striptease, crowdsurfing, intentos frustrados de escalar las torres de sonido, carreras entre el público y hasta por las gradas y energía rockera a destajo. Fi-es-tón.

Divas y cuevas

Marc Almond es grande, nadie lo duda. Derrocha carisma y voz mientras comienza empezando por presentar temas de su nuevo disco, dejando para el final clásicos infalibles como “Brilliant creautures” y “Tainted love”. Sin embargo, sabemos perfectamente que los Pixies actuarán como un agujero negro que atraerá a todo el festival al escenario San Miguel y allí nos encaminamos. Por el camino pasamos a echar una breve mirada a Cold Cave y ver si suena alguno de su par de hits ochenteros. No hay suerte.

And the way I feel tonight, I could die and I wouldn't mind

Han pasado 21 años y lo recuerdo como si fuera ayer. Rebusco entre los vinilos de una pequeña tienda y suena una canción por los altavoces. No he oido ni 30 segundos y ya estoy preguntando al dependiente qué suena y cuánto cuesta. Fueron los amos, grandes entre los grandes, unos de los padres de todo lo que está pasando esta noche, como el propio Carl Newman de los New Pornographers dijo durante el concierto. No puedo ni quiero ser objetivo en este párrafo. Están gordos (¡ni siquiera reconocí a Kim Deal de entrada!), no tienen nada nuevo, no hay sorpresas, es previsible. Y también es una orgía de placer, un clásico detrás de otro y otro y otro y otro y otro hasta no poder más, así que le dejo el escepticismo a quien lo quiera. Suenan perfectos, engrasados (magnífico David Lovering), rabiosos y el público enloquece. No recuerdo haber saltado tanto en un Primavera, me dejo la garganta junto a mis amigos y soy feliz, feliz, feliz. “Debaser”, la canción que sonó hace 21 años en aquella tienda, es mi momento del festival y me da igual si es nostalgia o no. Son los Pixies, son insuperables y ya me puedo morir ahora mismo que me daría igual.

Baila o muere

Se me ha ido el cansancio de golpe y me viene bien para sobrevivir a la brutalidad de The Bloody Beetroots Death Crew 77, que parecen una pecaminosa mezcla contra natura entre Daft Punk y Black Sabbath, así que lo salto como se merece hasta que las traidoras de mis piernas me amenazan con autoamputarse y largarse a comprobar si hay vida después del cuerpo. De paso recuerdo que mañana hay más festival. Igual va siendo hora de... zzzzzzzzz 

Sábado 30/05/10

Lo que cuenta es el final

Llego tarde, para variar, y me pierdo a Lidia Damunt así que remoloneo por el Myspace viendo a Klaus & Kinski lo suficiente para constatar que su último disco puede ser muy bueno (lo es) pero mientras estén aquejados por el mal endémico del indie español (los cantantes que no saben cantar) no van a convencerme. Me acerco pues a los neozelandeses The Clean. Nunca imaginé que vería a estas alturas a uno de los puntales del interesantísimo sello Flying Nun. Empiezan regular con pop new wave y acaban bien con post-punk melódico, pero la cosa no pasa de agradable.

Punky-reggae, bird sounds and atypical girls

De camino al escenario Pitchfork la rugiente doble batería de Nana Grizol me entretiene un rato. Poderosos. Pero The Slits son todo un mito y me apetece ver qué tal. El descacharrante y descarado show de rastas imposibles, gestos obscenos y bailes selváticos vale la pena, la música, a medias. O para ser exactos: el punk mola. El reggae, lo siento infinitamente pero me supera por completo.

Lo tuyo es puro teatro (and I like it)

Soy fan de Florence + The Machine, así, sin más. Sí, le echó más teatro que cuatro divas de ópera juntas, saltó, chilló, sobreactuó como Kate Bush (su referencia más directa) con veinte Red Bulls encima y soltó todos los tics y clichés de stadium rock uno detrás de otro. Y yo me los comí todos y bailé, disfruté, me reí con su vaporoso vestido blanco al viento, me emocioné con sus prodigiosas dotes vocales y le seguí el juego cuando nos animaba a gritar subida a los bafles. Añadamos cancionazas como “Dogs days are over” o “Rabbit heart” y tenemos un grandísimo show de una estrella en potencia.

¿Ese no es Guti?

The Drums van a ser futuros cabezas de cartel de este o cualquier otro festival, eso está más que claro. Power pop de sabor ochentas, urgente y directo, hits de los de reventar pistas de baile, entrega (MUCHA entrega) y por supuesto, fans. De los de verdad, de los que corren a hacerse fotos con su banda favorita, saltan y corean todas las canciones con sinceridad y convierten cualquier show en un cumpleaños. Así da gusto.

Going against my mind?

Pues no lo entiendo, de verdad que no. Me sitúo bien cerca de las primeras filas en Built To Spill, a quienes considero una gran banda. Suenan perfectos, estoy preparado, cómodo y receptivo… y no conecto con ellos en ningún momento. Igual fui yo, igual el cansancio comenzaba a hacer mella o vaya usted a saber, pero encontré el show frío, demasiado meditado y totalmente ajeno a mí. No sé como lo vería el resto del público (mis amigos habían huido a otros escenarios), pero lo cierto es que me largué antes de que acabasen. Y que conste que me duele no haberlo disfrutado.

Killed by an angel!

Me acerco a Matt & Kim que están liando la de dios a base de energía electro y sano cachondeo (esa versión de “The final Countdown”!), perfecto para estas horas. Me revienta muchísimo pasar de Gary Numan, su pelucón y sus míticos hits, pero no quiero perderme Sunny Day Real Estate por nada. Mierda, estoy un poco demasiado borracho y no me gusta ni un pelo que sea justo ahora. Me voy rápidamente al escenario Rayban para presenciar quizá la descarga de potencia rock más intensa y entregada de todo el festival. Impresionantes como pocos, podían haber dado EL concierto, y si no digo que lo hicieran, fue sólo por la frustración de esos míseros 45 minutos. Pero hombre, no hay derecho, que es la primera vez que venís. Aun así, apabullante, dramático y arrolladoramente emocionante mientras duró.

Los cabecicubos atacan de nuevo

La verdad, estaba seguro de que no vería a Pet Shop Boys, más que nada porque pensaba que los malditos SDRE harían un concierto con una duración como dios manda. Está bien, veamos el cuadriculado show por segunda vez en un año. No cambian apenas una arista, pero bueno, sus hits siempre son disfrutables, especialmente a esas horas y con la compañía de buenos amigos y copas. 

Eso es todo, amigos

Señores organizadores, las tantas de la mañana del último día del festival no son horas para ver el ambient ruidista de Ben Frost, por mucho que a uno le gusten sus discos (y a este uno le gustan mucho, lo juro). Pero tengo que admitir que casi da un poco igual, al fin y al cabo tampoco hice ni caso a Orbital, que deberían haber apuntado más a los pies que a la cabeza. El tradicional fin de fiesta con DJ Coco fue lo de siempre, pero es que cuando lo de siempre es poder saltar, gritar y vaciarse por completo al ritmo de “Holidays in Cambodia”, “I wanna be your dog”, “On a rope” o incluso hacer el chorras con “Don’t stop believing” de Journey (bien visto, ese guiño a Glee), yo, por lo menos, no puedo pedir más. Maravilloso.

Este año la comodidad que mencionábamos al principio ha sido puesto a prueba por las más de cien mil almas que pasaron por allí el fin de semana. Por lo que a mí respecta, lo han vuelto a conseguir. Bastaba un poco de picardía y adaptabilidad para minimizar colas, molestias o aglomeraciones. En resumen, que faltan unos 360 dias para el próximo Primavera, y yo ya los estoy contando.

Palmer


Fotos: Rafa Piera (Indienauta.com)

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