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Crónica San Miguel Primavera Club, Madríd (8-12-2012)

Autor: | @indienauta

Portada 02

La jornada del sábado supuso otra nueva disyuntiva de peso, que a esa hora ya parecíamos Hamlet con sus requiebros existenciales. O tirar para el minifestival nacional alumbrado bajo la farola de Los Planetas, o jugársela a esperar una bonita cola de Dios sabe cuanto tiempo para (si había finalmente suerte) apalancarse en plan fuerte del oeste en la Nave de Terneras y asegurarse el concierto de Redd Kross. Vista la mala experiencia con Antònia Font, se impuso la apuesta sin riesgos: Los Planetas y que saliera el sol por Antequera.


Así las cosas, abrieron la alineación planetaria en Madrid con Klaus & Kinski. Los murcianos se han ido labrando un bonito cartel dentro del panorama indie alcanzando el cenit en su 'Herreros y Fatigas' del año pasado. Pero donde sus composiciones de pop ecléctico y naïf quedan muy cucas en estudio, el trasvase al directo no acaba de funcionar. O al menos así me lo ha parecido las tres veces que les he visto. La (in)capacidad o no de Marina Gómez sobre el escenario ha dado ya para fomentar un debatillo recurrente en el indie de la piel de toro y no ahondaré en la materia. En los tres cuartos de hora que tuvieron, y entre problemas con el sonido en un emplazamiento que no les beneficiaba y que Marina se salió del carril en algunos temas quizás por el frío que confesó estar pasando, hubo espacio para temas representativos del Tierra Trágalos (2010) como Mamá, no quiero ir al colegio y otros que no sonaron tan logrados (Carne de Bakunin). Incluso hasta apuestas deliciosamente kamikaze como colar Mengele y el Amor. No faltó ese malévolo Ojo por diente y se despidieron con La Duda Ofende, una enorme canción a la que no consiguen sacarle aún el jugo. Pero hay que darles un voto de confianza, sólo pueden ir a mejor puliendo detalles.

Los siguientes en desfilar fueron los malagueños Airbag, la inclusión más sorprendente pese a sus lazos con El Ejército Rojo y que Jota sea fan irredento suyo. Vaya por delante que si yo fuera Mourinho (o Jota, para ser exactos) hubiera alineado en Madrid un dream team con Señor Chinarro, Triángulo de Amor Bizarro (ambos fueron elegidos para Barcelona), Los Punsetes y como colofón el show planetario. Dicho eso, Airbag estuvieron frescos. Su fórmula power pop con aires surferos no se movió ni un centímetro para gozo de una pequeña legión de fans en las primeras filas. Se basaron en su domesticado 'Manual de Montaña Rusa' (2010) con Trailer o Nuestro Invierno (que podrían haberlas firmado Pignoise), o tirando de nostalgia como en 22 y hasta se cantaron ese villancico sui generis que es 'Buscando los regalos de Navidad'. Sólo captaron la atención de los profanos con una interesante versión de 'La chica de Mel' de Los Flechazos.

El ambiente empezó a coger de verdad un aire maliciosamente planetario con Los Punsetes, herederos (y teloneros también hace dos años) de Los Planetas más infecciosos. La impertérrita Ari y su cuadrilla son la gran esperanza de la escena indie madrileña y con Una Montaña es una Montaña (2012), su tercer puñetazo al vientre del buenrollismo, se han asentado. Aún así, les costó hacerse con los mandos. En varias de las primeras canciones (Los Tecnócratas y Fondo de Armario) los guitarrazos hicieron inaudible las letras cáusticas de la peculiar frontwoman. El asunto mejoró tras 155 en Mis Amigos y a partir de ahí entraron los cañonazos antiguos (Dinero), de nuevo cuño (Tráfico de órganos de iglesia) y su esperado himno, más acorde que nunca visto lo visto en el Matadero: Dos Policias. Una canción casi profética en su día que cada vez cobra más vigencia...

Ya sin más preámbulos, y en medio de un caos de organización absoluto (colas hasta el infinito en las barras y los aseos) al aglomerarse todo el público (menos los 80 afortunados de Redd Kross) en la Nave 16, el epílogo del último Primavera Club en Madrid lo firmaron las profecías apocalípticas de Los Planetas. Lo que, parafernalia y marketing aparte, en realidad fue 'únicamente' un concierto de dos horas y veinte minutos (en simbología con el día 22 en que según los mayas podríamos irnos todos al carajo) de los granadinos. Y recalco las comillas del 'únicamente'. Porque donde hace bastante años alternaban momentos gloriosos en directo con mojones vergonzantes, desde su renacimiento en La Leyenda del Espacio son otros. Cuando están motivados y se lo toman con profesionalidad son tremendos. Véase con Los Evangelistas, sin ir más lejos.

Y para despejar dudas de por dónde iban a ir los tiros, el inicio fue una sucesión de esta nueva savia flamenca que les corre por las venas. Jota, Florent, Eric, Banin y Julián surgieron tras un impactante video galáctico que dio paso a un serial de piezas clave del 'Ópera Egipcia' (2011): La Llave de Oro, Romance de Juan Osuna, Virgen de la Soledad y Señora de las Alturas (ésta, espectacular). Jota se había metido en el papel: "El fin del mundo nos acecha en el Matadero, será mejor rezar...".

Qué mejor que hacerlo a base de algunas de sus joyas, que sus fieles rezaron a voz en grito hasta la extenuación. La primera en asomarse a la reja, valga la gracia, fue Toxicosmos. Se coló el Encuentro con Entidades (2002) encarnada en Corrientes Circulares en el Tiempo. Un pequeño hiato antes de volver a la abrasión flamenca, ésta vez con su imprescindible La Leyenda del Espacio (2007). Entre las Flores del campo, La verdulera y Si me diste la espalda fueron las elegidas. El siguiente minibloque abrió pasó al Unidad de Desplazamiento (2000) y Los Planetas contra la Ley de la Gravedad (2004) con Plan de Fuga, Devuélveme la pasta, Canción del Fin del Mundo y el epicentro del concierto, una espléndida Santos que yo te pinté con Jota echándose un cigarro. Para ese momento había vuelto a quedar patente que Eric Jiménez es el auténtico corazón de este grupo, el que bombea la sangre y lo guía con energía mientras fustiga violentamente la batería. Un animal exótico del indie español que habría que criogenizar para que nunca nos dejase.

La faceta más accesible en el último lustro de los granadinos (y quizá más prescindible) también halló hueco, con Alegrías del Incendio y Reunión en la Cumbre. Los bises fueron la comunión de lo que Los Planetas son y fueron. En el primero, tras la aparición de Marina Gómez para hacer de La Bien Querida en No sé como te atreves, saltaron todos los resortes emocionales (y alguna lágrima) de su amplia parroquia de veteranos y noveles con David y Claudia, Un buen día y De Viaje. Un recordatorio de por qué son los más grandes.

Pero si algo caracteriza al grupo es su imprevisibilidad. Todos habíamos abrazado sus hits atemporales pero en un brusco giro nos recordaron que eso ya es pasado. El segundo bis fue aridez, sentimiento y densidad. Primero con los fandangos de Ya no me asomo a la reja y después con la psicodelia mística difícil de digerir de Los Poetas. El desconcierto en el rostro de muchos fue patente. Y tal como vinieron se fueron, tras predicar que son "los enviados del Señor de ambos mundos" y entre imágenes de bombas arrasando ciudades. El fin del mundo, según Los Planetas...   

Fotos: Adolfo Añino

 

 

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