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Crónica San Miguel Primavera Club, Madríd (7-12-2012)

Autor: | @indienauta

portada pc12

La organización del Primavera Club confirmó el pasado fin de semana que da carpetazo a sus ramales en Barcelona y Madrid, sustituidos por Guimaraes (que debutó este año) y la llegada a Burdeos. A nadie en la capital le habrá sorprendido un ápice. Entre los espectadores que abandonamos en la madrugada del sábado el Matadero madrileño ya íbamos rumiando el gancho brutal y definitivo a la mandíbula de este festival que vimos con nuestros propios ojos durante las dos jornadas.


Cuando esbozo estas líneas me viene a la mente aquello de "entre todos lo mataron y él solito se murió". El público madrileño ya recibió con suspicacias e infinita resignación que el abono costase lo mismo que en Barcelona con menos grupos en el cartel (titulares y los showcases). Pero los aficionados de la capital, ávidos de este tipo de oferta sonora y como un perro apaleado que se desvive ante una caricia, respondieron fielmente agotando con una semana de antelación todo el papel pese a bajonazos como la inesperada baja de Cat Power, otra señal de que aquí hubo un gafe suelto y nadie aún lo ha podido identificar.

No obstante, tuvo evidentemente más peso en el fatal desenlace de este festival el Botellazo que le endiñó el Ayuntamiento de Madrid a cuatro días vista del primer concierto, mutilando el aforo de la Nave de Terneras (elemento clave en la jornada del sábado) a sólo cien personas de las ochocientas previstas inicialmente. Todo por instrucciones del cuerpo de Bomberos y evidentemente como resultado de la tragedia del Madrid Arena en el que el Ayuntamiento demostró una incompetencia aberrante por la que esperemos respondan ante la justicia.  Mientras tanto ahora pagan justos por pecadores y nos sumergen en un estado policial en el que ves absurdos tales que este: tipos cuarentones teniendo que rebuscar en la cartera el DNI para demostrar que no son menores de edad. Si a eso le unimos la subida del IVA en la Cultura perpretado por el Gobierno, se entiende el efecto bola devastador que supuso el tiro en la nuca del Primavera Club. Pero no me adelanto...

JORNADA DEL VIERNES

A las 18:35 conseguimos al fin la acreditación, y la cola que amenazaba la entrada para ver a los londinenses Toy decantó la decisión. De cabeza a Antònia Font. Imposible encontrar un cartel que te mandase a la dichosa Nave de Terneras, que no la conocía ni un trabajador del Matadero al que pregunté. Al fin, a las 18:55 la localizo, y tan flamenco yo, me meto pensando que las cinco personas que hay en la puerta están fumando. "¡Alto ahí! tiene que esperar la cola, aforo completo", me salta el guardia de seguridad. "¿Mande?", digo. "Sí, hasta que no salga gente no puedo dejar pasar a nadie", me contesta. Dos coches de la policía municipal vigilan la escena. El colmo del absurdo llega cuando meto un poco más las narices para investigar: las 100 personas del aforo incluyen... los seis músicos de Antònia Font, cuatro técnicos, dos de seguridad, las dos camareras y varios trabajadores más de Matadero. ¿Resultado? El aforo real rondaba las 80 personas. En un espacio donde se pensaban alojar 800, calibren el ridículo.

Al final, y tras tuitear con gente en el interior que me dice que hay hasta un buen número de sillas vacías (de piscina, por cierto, indigno del sello de calidad que acompaña al Primavera), consigo entrar. Inenarrable. Dentro, daba la sensación de grupo ensayando ante un nutrido grupo de amigos y familiares. Pero Joan Miquel OLiver, Pau Debon & Co cumplieron con una profesionalidad intachable. Además lidiaban con el duro listón de hacer la traslación al directo de su complicado 'Vostè es Aqui' (2012), cuarenta cuentas en un collar de perlas que se mueven en el minuto de duración y los dos escasos. Intentaron hacer el parón entre canciones lo más rápido posible y aunque hubiera encajado mejor un concierto estándar, hicieron desfilar maravillas como Búnquers de Plom a Mitjanit, Ballarines de Ballet, también su versión del grupo manacorí Tots Sants con esa Leyenda Negra que habla en castellano del descubrimiento de América con ese "vais a celebrar nuestro genocidio, vamos a brindar, con sangre de indio...". Debon, tan dicharachero como siempre, intentó poner al mal tiempo buena cara con sus chascarrillos, como la confesión de que querían llenar "el escenario de bicis ahora que está de moda el spinning" antes de tocar Per Jo i tots es ciclistes. También antes de Neutrins, su incursión en el terreno de la física: "Los neutrinos son partículas que nos atraviesan constantemente como una tempestad, y ya que aquí hay tanto espacio,  imaginad que los neutrins que os están atravesando, cerrad los ojos...".

Hubo que abandonar la burbuja surrealista de la banda mallorquina para poder presenciar el tramo final del set ruidoso y abstracto de Deerhoof en la Nave 16, el recinto más grande del festival.  Aunque sonaron un poco lineales y aún tengo pesadillas con la camisa para bailar la conga del guitarrista Ed Rodríguez, ver a la casi liliputiense y pizpireta Satomi Matsuzaki dando saltitos mientras cantaba Basket Ball Get Your Groove Back sobre rebotes y pivots de baloncesto fue un momento de genialidad suprema.

Ahora tocaba tomar una dura decisión. El cuerpo pedía recibir una dosis de la voz elegantemente cavernosa de Mark Lanegan, pero eso podría hacer peligrar la presencia en el auténtico plato de delicatessen del festival, Swans. Visto lo visto, mejor no correr riesgos. El entrante de los neoyorquinos no pudo ser más antagónico. En el Lounge de la Nave de Músicas, una especie de búnker con sacos de arena en las paredes y todo, el guitarrista étnico Sir Richard Bishop dio un recital de técnica sobre las cinco cuerdas. Sólo con su guitarra y apenas un par de pedales de efectos, desplegó una paleta estilística notable, desde ritmos árabes (Rasheed), a country salvaje (Dust&Spurs) y una gran influencia de la música hindú.

Pero Michael Gira esperaba. Su alternativa, Ariel Pink's Haunted Graffitti, fue inexplicablemente ubicado en la nave central mientras que a Swans les correspondió la gélida Nave de  Músicas. Que a quién se le ocurrió la feliz ocurrencia de programarlos en un lugar abierto al frío invernal donde un mes antes casi hubo amputaciones por congelación en el concierto de Lotus Plaza, daría para otro debate.  Al menos al acceder la organización tuvo el acierto de regalar tapones. Buena señal, la avalancha iba a venir en toda su plenitud...

Fichar a Swans y Redd Kross son esos guiños que hacen al Primavera elevarse sobre el resto. Y lo de Gira y sus adláteres fue de traca. El líder salió con un sombrero de cowboy pero en cuanto se lo quitó, liberó a los perros del infierno. Eso sí, poco a poco. En la primera, To be Kind, incluso cantó. Luego, se entregó a una orgía de ruido ensordecedor, elíptico, martilleante, hipnótico. Avatar, de lo mejor de su nuevo álbum 'The Sheer', duró diez minutos pero fue apenas un indicio de lo que venía con el tema que da nombre al disco. The Seer fue puro sado musical. Durante un tramo importante de la más de media hora larga que dura el tema en directo, Michael Gira probó la capacidad de aguante emocional del público con un 'loop' sonoro sin casi variaciones orquestado entre él y un golpeo del batería Phil Puleo que parecía un estallido. Pese a las ráfagas de viento frío que nos acuchillaban, el percusionista Thor Harris hizo honor a su nombre (en Avatar tocó con dos martillos) quitándose hasta la camiseta y tocando con el torso desnudo. Mientras, tu cerebro luchaba por no salir por los oídos. Gira, con sus 58 años y la mirada enloquecida, se había traslocado en un Virgilio que nos guiaba como a Dante por los nueve círculos del Averno hasta acabar gritando "¡Sangre, sangre de Dios!" mientras simulaba un degollamiento. Un concierto de hora y tres cuartos imposible de quitarse de la mente y nadie sabe si volveremos a ver algo semejante por estos lares. Sólo por esto merece la pena alzarse y entonar un "El Primavera Club Madrid ha muerto, ¡larga vida al Primavera Club!"...

Después de un espectáculo  así, The Vaccines fue como coger un vuelo a Saturno. Un cambio completo de planeta. El violento ejercicio de sumisión que impusieron Swans a nuestros tímpanos y nuestra psique dio paso la complacencia descarada de los londinenses. Se conocen al dedillo el manual de la buena estrella del rock indie y la explotan al máximo. Con hits quemazapatillas, eso sí. Que una cosa no quita la otra. Y fans en las primeras filas hasta con carteles de sus ídolos.

Su 'What did you expect from The Vaccines?' (2010) les salió redondo en su inmediatez sin pretensiones y a él se aferraron para sacar adelante un concierto que funcionó a la perfección para dejar descansar las neuronas tras el tour de force de los cisnes. A ello contribuyeron las melodías pegajosas y los estribillos bailongos de Wreckin' Bar, If you Wanna, Post-Break Up Sex, Norgaard y la más lograda, Blow it up. De las nuevas del 'Come to Age' (2012), destacó el aumento en las pulsaciones de la irónica Teenage Icon mientras Justin Young se gustaba más que nunca. The Vaccines fueron la bisagra idónea para abrir la madrugada del viernes a los crápulas que salieron a incendiar los bares de la capital.

Fotos: Adolfo Añino



 

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