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Crónica sábado 2: San Miguel Primavera Sound

Autor: | @indienauta

Beach House 02 Damia Bosch

Empezamos pronto la jornada de sábado, pero la causa no podía ser mejor: aprovechar una insólita propuesta de este Primavera Sound, el Red Bull Tour Bus, para ver a una de las bandas más en forma de nuestro panorama: Odio París. En tan peculiar escenario pudimos comprobar que su shoegaze de solvencia contrastada entre bruma nocturna también funciona a plena luz del día. La poesía de Cuando nadie pone un disco o la deliciosamente perversa Infierno dieron la bienvenida al Fòrum a “the happy few”, que pudieron escuchar también su nuevo tema Salvé el televisor, publicado en motivo del Día de la Música. Incluso apostaríamos que la torcida desesperanza de Uno de noviembre hizo palidecer un poco al sol. “Support your local scene” y disfruta de ello. M. P.

Seguimos la línea ruidista y reverberada justo en la otra punta de recinto: canteranos en el pasado Primavera Club, Veronica Falls se hicieron valedores por méritos propios de un slot en el Mini, con su adictiva dualidad de luces y sombras. Allí pudimos desenvolver sus creaciones acabadas de publicar (My Heart Beats), pero también disfrutar de sus canciones primerizas como Found Love In A Graveyard, presentada en directo como “nuestro primer single”. Aunque algo falta de voz en algunos momentos, Roxanne Clifford lució dulce cuando el momento requería intimidad y supo alzar una audiencia más que respetable en el clímax final de Come On Over. Lo dijimos en diciembre y lo reiteramos: cuidado con estos londinenses, porque han venido para quedarse. M. P.


Quienes tienen ya muy poco que demostrar más allá de su enorme capacidad para hacer canciones son Grupo de Expertos Solynieve, refrendados de nuevo gracias al material que bascula en El Eje De La Tierra. Gozo en los coros de Claro y Meridiano y Dime, miradas cómplices, risas sobre el escenario y entre el público y unas inmensas ganas de dejarse de tonterías. Es probable que los seguidores más fieles del grupo hubieran disfrutado más con un repertorio menos populista, pero ver los bailes (con más ganas que gracia) del público extranjero en Déjame vivir con alegría convirtió este título en una auténtica declaración de intenciones. Graná conquistando Barcelona, e incluso un poco más allá. M. P.

La acampada en el Mini (con el debido respeto a los dos grupos anteriormente citados), tenía como objetivo claro vivir uno de los highlights de este Primavera Sound: ver por primera vez cómo se abrían en directo los pétalos del Bloom de Beach House. Desvanecidos ya los temores de encontrarnos ante un hype cuando empezamos a degustar el disco hace unos meses, sólo nos quedaba disfrutar de nuevo de cómo de la gélida figura de Victoria Legrand emana una voz tan cálida. Desgraciadamente, la inmensidad del Mini (valga la incongruencia) jugó de nuevo en contra del matiz en temas tan detallistas como The Hours, aunque un ecosistema en el que coexisten activos instantáneos como Zebra o Myth se salva por sí solo. Las delicadas proyecciones terminaron de tramar ese entorno soñador que tan bien envuelve a los de Baltimore, y al público cuando se deja acariciar por sus tiernas atmósferas. Pero tal y como se cierra Bloom, con Irene y ese “strange paradise” eterno, del que no quisiéramos salir pese a saber que no nos lleva a ningún lugar en concreto, llegó el momento de despertar del hechizo. Eso sí, durante una hora florecimos. Esencia de primavera. M. P.

Doloroso solapamiento de Kings of Convenience con Atlas Sound. Rodeada de un japonés, alemanes y griegos, todos nosotros, primera fila de devotos. Inicio con la preciosa My Ship Isn’t Pretty. Refinadas armonías, melodías de guitarras de binomio perfecto de precisión, simpáticos comentarios, canciones que cuentan historias de amores o desamores, esa manera espontánea de pasarlo bien y hacer un buen concierto encima del escenario… simplemente elegantes. La primera parte del concierto fue repaso a sus hits que enamoran: Cayman Islands, Me in You, 24-25, I Don’t Know What Can I Save You From o Failure. La segunda parte del concierto estuvo apoyada por tres músicos extra. Bajo, batería y guitarra eléctrica alargaron canciones tan buenas como Misread o I’d Rather Dance with You que no lo necesitan. Fiel a la versión original, la segunda parte me decepcionó un poco. Hubo quien me comentó que por ese detalle no iba a verlos al día siguiente. Yo tuve la suerte de darles una oportunidad (podéis leer la crónica de su concierto domingo en la página dedicada a la última jornada). M. R.

Yo La Tengo siempre son un valor seguro, ya sea en sala o en festival. Los de Hoboken están a punto de cumplir treinta años de carrera, y eso se nota encima del escenario. Por desgracia, fueron otros de los que sufrieron el sonido del escenario Mini. La guitarra de Ira Kaplan no logró estar a un volumen correcto en todo el concierto, y tan pronto se escuchaba demasiado alto, como casi dejaba de escucharse (por no hablar de los temas en los que el teclado no se escuchaba más allá de las primeras filas). Con todo, consiguieron volver a triunfar gracias a temas como Tom Courtenay, Nothing To Hide o la tremenda Sugarcube, que se dejaron para el bis. Uno de los conciertos más sucios que un servidor ha visto de la banda de New Jersey y,  una vez más, la elección correcta a la hora de elegir a quién escuchar en un festival. F. C.

Bajos potentes, agudos falsetes: esta es la combinación que nos sedujo a acercarnos al escenario Ray – Ban y adentrarnos en los bosques fantasmagóricos que dibuja Hayden Thorpe, carismática e hiperreconocible voz de Wild Beasts. Recreándose sensual en las miradas al público (“you look magnificent tonight”, apuntó pícaramente), combinó momentos de recogimiento con expansión festiva, el tremolo con la brillantez, el tono siniestro de Smother con el barroquismo de Two Dancers. Con All The King’s Men y su coro de fantasmas andantes caímos definitivamente seducidos bajo el influjo de estas bestias salvajes. M. P.

Lo más salvaje de la noche, de todos modos, aún estaba por llegar: y vendría de la mano (o del Audio, Video, Disco) del dúo francés Justice, que jugaron  al científico loco con los miles de ratoncitos de laboratorio reunidos ante su megalómana parafernalia. En los escenarios se han curtido en un trabajo de campo para entender la música como mecánica, siendo capaces de desmontar pieza a pieza himnos como D. A. N. C. E. o la ínclita We Are Your Friends, remezclarlos, agitarlos pero no batirlos y servirlos en vaso muy ancho. Una misa de beats, que como toda ceremonia litúrgica viene preparada de casa, pero mueve a los fieles a la adoración, a bailar como malditos. ¿Refinados? En absoluto. ¿Elegantes? Ni les hace falta, ni lo pretenden. Pero es de justicia, nunca mejor dicho, otorgarles el lugar que se merecen en el trono de una electrónica mucho más sesuda de lo que su aparente trazo basto podría aparentar. Por el bien de todos, será mejor que los estrategas del control de la sociedad no se den cuenta del Gran Hermano sonoro que puede crear este par. M. P.

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