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Crónica: Outside Lands Music and Arts Festival (San Francisco, California)


El Outside Lands Music and Arts Festival tuvo lugar en San Francisco el último fin de semana de Agosto. Os pongo en situación: entradas agotadas, un cartel de impresión y un emplazamiento apabullante de tan natural: el Golden Gate Park, que es el pulmón de la ciudad pero que aquí no dudaríamos en calificarlo como un pinar gigante.



 
Este festival es bastante diferente a los que conocemos por aquí: allí, además de jovenes en plan juerga, hay familias completas de padres, niños y abuelos, todos con sus sillas de camping y con sus mantas para sentarse en el suelo. La organización deja entrar a los asistentes con sus propias neveritas llenas de comida y bebida. Los conciertos se suceden durante todo el día, desde las 12 de la mañana hasta las 22h, por lo que la estampa que relato cobra mucho más sentido. El lugar es un auténtico parque natural, todo cubierto de oloroso césped y rodeado de frondosos árboles que por la noche se iluminan con unos focos, creando un ambiente de bosque fantasmagórico muy acogedor. De ahí la vocación ecologista del festival, plagado de puntos con distintos tipos de cubos de basura para que todos los residuos se optimicen, y con un objetivo de concienciación con el medio ambiente muy bien enfocado.
 
Para poder pedir una bebida alcohólica antes tienes que pasar por alguna de las numerosas casetas de ID CHECK, o lo que es lo mismo, el lugar donde enseñas el carnet y ellos verifican que tienes más de 21 años y te ponen una pulserita que luego te exigirán en cualquiera de las barras o puestos. Unas barras muy numerosas en las que nunca te encuentras una cola y en las que no hay cubatas a la española pero sí que puedes encontrar cerveza y vino, a precios más populares en algunos festivales de aquí. El festival tiene un compromiso muy fuerte con el vino californiano, y el recinto contaba en esta ocasión con una especie de carpa ambientada como un poblado de leñadores en la que las distintas bodegas del estado regido por el Gobernator despachaban su vino en vasos de cristal para quien pagara 25 dólares por un ticket de degustación que servía para todo el día. Una idea estupenda.
 
Además había carpas y mini-recintos con espectáculos ajenos al festival pero a disposición de los asistentes, o las distintas muestras de arte urbano Eso además de los 6 escenarios en los que transcurría el evento, con nombres tan pintorescos como el escenario Twin Peaks o Presidio. Y nada de carpas para Djs después: cuando toca el cabeza de cartel a las 21h todos para casa y nada de música enlatada.
 
El tema de la comida es otro mundo: decenas de puestos y tiendecitas diferentes ofrecen recetas elaboradísimas: que si un burrito con tal y tal ingrediente y con guacamole, que si veggie quiche, que si fresh salad, que si cafés de todo tipo... hasta había un puesto de ostras a 2 dólares la unidad para quien se le antojase semejante manjar en ese ambiente de delicatessen musical. Y vayamos ya a lo musical...
 
La primera jornada Pearl Jam fueron los protagonistas... La gente no paraba de comentar lo mágico que era todo: los árboles, el atardecer y Eddie Vedder llenando el escenario grande. Fue una actuación de esas de pelos como escarpias: todo el grunge de los 90 ante la atónita mirada de miles de fans que nos volvimos totalmente locos al escuchar los acordes de "Elderly Woman Behind The Counter In A Small Town". Algo inolvidable. Pero no lo único: ese mismo día deleitaron al público las propuestas de Los Campesinos!, The Dodos, Incubus, Thievery Corporation o Tom Jones (tan cafre como siempre) entre otros. Pero siguiendo con los momentos apoteósicos, The National fueron los otros grandes del viernes.
 
El sábado no me quise perder a los "primaverísticos" Bat For Lashes; ni a Os Mutantes; ni a los de sugerente nombre Dengue Fever, que fueron toda una sorpresa con sus extrañas atmósferas orientales con organillos como de otra época. Poco después llegaría la apisonadora TV on the Radio, que con el majestuoso sonido que emitían desde el escenario Twin Peaks dejaron con la boca abierta hasta a los pájaros del parque, ¡pero qué grandes son estos tipos en vivo! Y aún quedaban Deerhunter,que para mí fue el mejor concierto del festival, y fue en parte porque para mi sorpresa tocaron en un escenario muy pequeño y viéndoles estabamos unas cien personas como mucho... cosas raras de los americanos. El caso es que Bradford Cox y sus secuaces sonaron increíbles, emocionaron y estuvieron simpatiquísimos desde su escenario de un metro de alto. Como hechizada y ya satisfecha con el día de festival me arrastraron a ver a The Mars Volta, que ciertamente son todo un espectáculo con sus locuras heavy-épicas-psicodélicas con regusto añejo. La tarde acabó de un modo impredecible: los Black Eyed Peas lo daban todo en el escenario grande y no pudimos resistirnos a pegar botes como posesos con su último temazo "I gotta a feeling". Y es que ver a padres con hijos, nietos con abuelos, y por supuesto a hordas de jovenes flipando con este single; y todo esto sumado a la emocionante tarde que habíamos pasado nos hizo volvernos locos y bailar al son de la voz de Fergie.
 
El domingo era el mejor día: apabullantemente emocionales los Band of Horses dieron el recital perfecto, y la voz de él, ¡ay su voz... y su sombrero de cowboy! Matt&Kim, con su puesta en escena tan naive y tan lo-fi volvieron a todo el mundo literalmente loco e hicieron vibrar con su pop luminoso, incitando a bailar hasta al más rezagado. Modest Mouse estuvieron correctos, y los fronterizos Caléxico llenaron el escenario de vientos y de Sur y de México, y volvieron a generar momentos de vellos de punta con sus cánticos desgarrados en castellano. Extenuada de tantas emociones sólo me quedaba por ver  a la gran cabeza de cartel para el fin de fiesta: la mismísima M.I.A. El sonido -o cómo tenían planteado el set- no acompañó nada, pero daba igual: había que brincar con "Paper Plans" como fuese. Tuvo bailarines, un montón de raperos a su alrededor y llevaba un extraño atuendo que parecía un disfraz de cartón y papel charol. Su show fue algo muy especial para cerrar el festival, tirándose encima del público y todo.
 
En definitiva, el Outside Lands es un festival muy pero que muy bien montado que te va a encantar si eres de los que va a los festivales por el cartel para disfrutar de tus artistas favoritos en vivo y en medio de un entorno idílico. Atentos a próximas ediciones. Hacedlo coincidir con vuestras vacaciones por California. Yo volveré, seguro.

 


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