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Crónica miércoles 30: San Miguel Primavera Sound

Autor: | @indienauta

Black Lips 03 Dani Canto

Si desde principios de mayo la música fue la gran invitada en Barcelona con las actividades de Primavera als Bars, Primavera als Clubs o el ciclo A Viva Veu, el arranque oficial de esta edición se dio en el escenario del Arc de Triomf. Y a pesar que el planteamiento no pueda ser más romántico (ofrecer conciertos de primer nivel, con cabezas de cartel y totalmente gratuitos), la traslación al plano real estuvo bastante lejos de lo utópico.


Y es que el entorno se convirtió en poco menos que adverso para disfrutar de lo que realmente importa en un festival, que es la música; afortunadamente, el horizonte de tres días completos en el Parc del Fòrum hicieron más tolerable la marabunta y el ruido que terminaron desembocando en un auténtico “Cerveza Beer Primavera Sound”.

En lo estrictamente musical, el duelo de la jornada inaugural enfrentó (con el permiso de The Wedding Present) a la veteranía de The Walkmen contra las bravuconadas garajeras de The Black Lips. Y efectivamente, se hizo bueno el tópico: la veteranía es un grado. Las suaves, precisas líneas de voz de Hamilton Leithauser se combinan perfectamente con sus punteos de guitarra, que como un “train in vain” hacen avanzar las canciones sin que terminen de explotar, sin la necesidad de llegar a ninguna parte en concreto. Pero la nave va, como demuestra el parir las 30 canciones compuestas inicialmente para Lisbon (2011) y ser capaces de publicar justo un año después Heaven. Temas bailables y de coro sencillo como Angela se lo pusieron igualmente fácil tanto a convencidos como despistados para entrar en una propuesta cristalina, de corte nitidísimo, que ha dejado ya atrás el post-punk que caracterizó sus inicios.

Quienes estuvieron de todo menos nítidos fueron The Black Lips. A pesar de haber dejado ya atrás sus años más salvajes, las fierecillas domadas siguen teniendo (habitualmente) un directo incendiario que no supo, no quiso o no pudo prender en un escenario tan desangelado. A pesar de tímidos arranques de pogo con sus composiciones de herencia más ramoniana, sólo las primeras filas bajaron al barro. Ni los ecos surferos ni las melodías aplaudibles levantaron pasiones: únicamente Bad Kids generó unanimidad (que si se arranca sólo con el one hit wonder, parece de pega). Hubiéramos querido un techo más bajo y mucho más sudor, menos calcomanía y más tatuaje.  M. P.

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