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Crónica Kutxa Kultur Festibala 2013

Autor: | @Forjanes_AS

Con la edad se va perdiendo el feeling con los macro festivales y el cuerpo pide propuestas más delicatessen, con buen gusto y dejando los agobios y masificaciones para otros. El Kutxa Kultur Festibala de Donostia del pasado 6 y 7 de septiembre podría enclavarse en esa franja. Recinto único (un parque de atracciones vetusto) en un paraje exclusivo (la cima del Monte Igeldo) con unas vistas de postal a las playas de la Concha y Ondarreta, un máximo de entradas de 6.000 por día y un cartel bastante apetecible. Todo por 32 euros, low cost.

La jornada del viernes la abrió el carismático Damien Jurado (en la foto). Aún con los últimos rayos solares de un día donostiarra que fue casi playero, de hecho paseando por el Paseo de los Curas se podía escuchar el soundcheck gracias a la acústica de la Concha. El de Seattle acarició al pequeño grupo de fans presente cantando el tramo final del concierto en acústico con ellos. Algo impensable en otro tipo de eventos. También aprovecharon ese buen tiempo los suecos Junip. José González y los suyos, destilaron su folk psicodélico y extrujaron su homónimo y recién sacado disco. Con ‘Your Life, Your Call’ entre lo que mejor sonó.

El día iba de anuncio televisivo, con el público incluso catando la pequeńa montaña rusa del recinto, hasta que a la caprichosa meteorología le pareció mal tanta diversión. En minutos empezó un aguacero que prácticamente no cesaría. Era el tramo para Belako y Delorean, que jugaban casi en casa. Los primeros, de Mungia (Vizcaya), están en la fase de aspirar a situar su post punk cadavérico en primera plana nacional, los segundos (de Zarautz, Guipúzcoa) son el grupo del indie español con más proyección internacional. Contrastes curiosos. Empecemos por Belako. Mezclando el inglés con el euskera, salieron airosos ante la que haya sido quizás su mayor audiencia hasta la fecha. Y hasta se atrevieron con ‘Euria‘. Una especie de cuento de terror, en el que la hermana pequeña de dos de los miembros (Josu y Lore) entonó una nana mientras la música te acuchillaba los tímpanos. La niña mostró buenas maneras y lo que podría haber sido un bochorno derivó en ovación. Merecida, además.

El caso de Delorean fue diferente. Las ganas de escuchar su nuevo ‘Apar‘ (‘espuma’ en euskera) al borde del mar se fueron al garete ahogadas por la lluvia, que se cebó especialmente con su show. Cascadas de agua caían del toldo que cubría el escenario. Hubo valientes que aguantaron bajo el diluvio. Yo no estuve entre ellos. Con la jornada del sábado aún pendiente, era de locos quemar las naves de la salud tan pronto…

Por suerte, el tiempo dio una pequeña tregua durante Crystal Fighters, el gancho del festival para atraer al público veinteañero (Dinosaur Jr fue la carta del sábado para los de la treintena). El grupo londinense que juega a ser vasco-navarro fue el culpable de que fuese el único día sold out. Y al hilo del título de su segundo álbum, ‘Cave Rave‘, aquello fue una fiesta, aunque no subterránea si no en lo alto de un monte. Son una mina de oro para explotar la vena más hedonista de cualquier festival. Y lo cierto es que ya fuera con temas antiguos (‘Solar System’, ‘Champion Sound’...) o nuevos (‘Wave’, ‘You&I’...) lograron con creces su propósito de no dejar un alma con los pies en el suelo. Si alguno aún estaba calado, entró bien en calor.

El sábado, paradojas de los dioses del clima, se desarrolló al revés. Donosti vivió una mañana de paraguas, pero por la tarde… ni una gota. Aleluya, porque los asistentes a la jornada sabatina contaban (contábamos) más canas. Abrieron fuego unos Crocodiles que presentaban el calentito ‘Crimes of Passion’. Aunque algunos odiemos profundamente a Brandon Welchez por su ofensa de ser el marido de Dee Dee de las Dum Dum Girls, su noise pop garagero funciona. Tiene empaque. Incluso en su versión psicodélica del ‘Groove is in The heart/California Girls’ de Deee-Lite.

Built to Spill fue el primer viaje en el tiempo a los noventa, pese a que en opinión de un servidor su mejor álbum es ‘You in reverse’ (2006). Doug Martsch sigue siendo un sibarita del sonido y se peleó durante diez minutos con el técnico porque no se escuchaban bien. Al final, harto y con pintas de querer asesinar, dio orden de tirar ‘palante’. Y provocó dolor, porque abrieron con ‘Goin’ against your mind’, una obra maestra que se fue al limbo. El setlist se sustentó en su imprescindible ‘Keep it like a secret’ (1999) con las impresionantes ‘The Plan’, ‘You were right’ y ‘Carry The Zero’. Un grupo para programar más de una hora y degustar en mejores condiciones sonoras. Una lástima.

Por cierto, el clima más benigno permitió que los grupos se dejasen ver por entre el gentío. Welchez y los suyos se pasaron a comprobar in situ los coches de choque mientras que Doug Martsch se entregaba a la sidra. La oportunidad de departir unos minutos con el líder del grupo de Idaho la pintaban calva. Pedía disculpas por no haber podido sonar mejor. Un tipo encantador.

El epílogo corrió a cargo de Dinosaur Jr, una de esas bandas que habría que imponer como matería obligatoria en un hipotético Bachillerato musical. De cómo J Mascis es uno de los guitarristas más soberbios de los últimos veinte años. Sólo con ver las torres de amplis Marshall antes de que aparezca su plateada melena te acelera lapresión sanguínea. Si a ello le sumas la presencia de Lou Barlow y el avasallamiento de Murph a los bombos, Escuchar joyas del Your All Living over me (1988) (ahí tuvimos clásicos como ‘Little Fury Things’ o ‘In a Jar’) o el ‘Without a Sound’ (1994) como ‘Feel the Pain’ valían más de los 16 euros que costaba la jornada. Ahí un tirón de orejas al público vasco. Apenas 4.000 espectadores para un menú a ese precio… Los de Massachusetts también extrujaron su reciente ‘I bet on The Sky‘ en el que sobresalieron ‘Don’t pretend you didn’t Know’ y ‘Watch The corners’.

Con ello se bajó el telón de un Kutxa Kultur Festibala que se mantiene a boga pese a la crisis tras encontrar un hueco a finales de verano entre los festivaleros sibaritas. Te la juegas con la climatología, pero siempre tendrás los excelsos pinchos donostiarras para consolarte si cae algo de lluvia.

 

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