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Crónica jueves 31: San Miguel Primavera Sound

Autor: | @indienauta

Mazzy Star 01 Dani Canto

Baxter Dury es uno de esos artistas que vienen perfectos para la toma de contacto con el festival. Al dandy británico le tocó la papeleta de estrenar el escenario más grande del festival, y la resolvió estupendamente con una colección de amables canciones pop –casi todas ellas de su último trabajo, el estupendo e infravalorado Happy Soup–.  El hijo del mítico Ian Dury se presentó con una banda más que solvente (en especial por la guapa teclista Madeline Hart) y con sus canciones de pegada instantánea. Irresistibles Trellic, Claire, Leak At The Disco, o esa tremenda Cocaine Man. Lástima que se produjera algún fallo con el sonido (uno de los grandes protagonistas de esta edición del Primavera). Fue de lo más entretenido. F. C.


Lee Ranaldo vino a hacer lo que mejor sabe, que no es otra cosa que rasgar y maltratar su guitarra. Son más de treinta años los que el neoyorquino lleva en esto, y entre anécdotas de esos treinta años en el mundo de la música, fue desgranando los temas de su reciente Between The Times & The Tides, poniendo especial énfasis en los cortes más pop del álbum como Off The Wall, Angles o Lost (Plane T Nice). Eso sí, lo mejor del concierto fue el siempre excelente Steve Shelley a la batería (este hombre se merece un monumento), y un bonito homenaje a Talking Heads en forma de canción: nada más y nada menos que el Thank You For Send Me An Angel.  Lee Ranaldo nos demostró que hay vida más allá de Sonic Youth. F. C.

La canadiense Claire Boucher al frente de Grimes, con apenas 23 años y un tercer disco en el mercado, Visions, se ha convertido en uno de los hypes de la temporada, cosa que quedó patente en el concurrido escenario Pitchfork. Ella solita es capaz de mezclar de forma magistral pop, r’n’b, hip hop, funk, experimentación y oscuridad, pero el resultado queda demasiado enlatado al plasmarlo al directo, e incluso flojo de fuerza (especialmente si el escenario es muy grande y con falta de volumen). Y por desgracia, así fue como lo vivimos en el festival. No ayudaron para nada sus amigos (mitad borrachos, mitad pasados) bailando encima del escenario. Una pena. Eso sí, si vuelve de gira en sala me planto en primera fila. R. P.

Para Hope Sandoval y su troupe de Mazzy Star el Ray - Ban se nos antojó demasiado escenario, y no por falta de calidad (que de ella echaron buena cuenta durante el minutaje de su actuación), sino porque estar unas filas más allá de la primera implicaba irremediablemente perder detalles de una música hecha para sentirla y disfrutarla desde muy cerquita. Repasaron sus éxitos (incluida la celebrada Fade into you) y demostraron que para sus canciones el tiempo no pasa. Hope, a pesar de su (por momentos) aparente frialdad, como desentendiéndose del público, sigue siendo esa mujer frágil de voz portentosa y sensualidad exacerbada. Toda una delicatessen, sin duda: grandes músicos y grande la que es para nosotros la performer más delicadamente bella que pasó este año por el Primavera. J.C.

Se prodigan poco, muy poco, Death Cab For Cutie en nuestro país. No es de extrañar, pues, que la primera gran multitud en el escenario Mini se congregara precisamente para recibir a un Ben Gibbard en estado de gracia pero maltratado, por desgracia, por los problemas de sonido. Perro viejo, se vio apoyado por un repertorio que osciló entre lo más melodioso de su nuevo disco (Doors Unlocked And Open, I Am A Tourist) y los guiños a los seguidores fieles. Cantando The New Year incluso nos creímos capaces de empezar algo nuevo, algo mejor. En un rato (siendo sinceros, al cabo de tres días) nos veríamos obligados a volver a la cruda realidad, pero durante una hora fue fácil pensar que podíamos ser felices. Comunión de cuerpo y alma, como ellos mismos cantan. El gozo en The Sound Of Settling. Sencillez y detalle, unidos. Que vuelvan, que vuelvan pronto, y que vuelvan con un techo sobre nuestras cabezas. M. P.

Quienes se mueven con soltura en los espacios abiertos fueron los sucesores de DCFC en el Mini: Beirut. La fiesta mayor balcánica e indie, pero menuda fiesta. El arranque con Santa Fe y con un Vagabond ligeramente acelerado demostró que Zach Condon le tiene el pulso tomado al ritmo de los festivales: no se puede guardar mucho para luego, porque el “más tarde” no existe. Es Beirut un fenómeno paranormal, incluso un placer culpable que a tenor de la multitud reunida, escondemos poco: los coros públicos en Nantes no nos avergonzaron, aunque igual deberían. Su propuesta es bonita, luminosa e invita a sentirse un antihéroe algo torpe: como el mismo Condon. Sonaron ukeleles, panderetas y cornetas en la playa: limpieza de espíritu, siguiendo con la tónica de los Death Cab. El Mini se ensuciaría más tarde con otras propuestas, pero durante un par de horas fue un área para todos los públicos. Nunca mejor dicho. M. P.

Probablemente el mejor concierto de la jornada del jueves. Como si nunca se hubieran ido, Refused han vuelto más en forma que nunca. Brutalidad punk, violencia sonora, los suecos liderados por el carismático Dennis Lyxzén hicieron suyo el escenario Ray-Ban desde la primera canción Worms of the Senses / Faculties of the Skull y no dieron ninguna tregua hasta el final de su concierto, el que pareció hasta corto visto lo intenso que resultó. La banda se mostraba muy agradecida por la acogida en Barcelona y nosotros por la oportunidad de escuchar o volver a escuchar en directo canciones como Refused Party Progra” o New Noise que parecen más actuales que nunca. Un concierto sin fallo, ¡un diez! M. D.

Cuando más de la mitad del público del Fòrum estaba en Beirut yo elegí Wilco, un grupo que nunca me decepciona en directo. Así fue, aunque tampoco fue el mejor concierto del año recordando mi emoción en su paso por el Palau de la Música en Barcelona el pasado noviembre. Soy fan declarada porque me hacen vibrar y suspirar con canciones que siempre suenan bien en directo como Jesus, Impossible Germany, Spiders o Poor Places, así como las de su nuevo trabajo que ya suenan a grandes clásicos como I might, Born Alone o Art of Almost. Con Shot in the Arm se cerraba el setlist de la banda que más veces he visto en directo y que con más cariño miro, porque Wilco son un valor seguro cuando todo lo otro puede fallar. Simpáticos y profesionales la personalidad de la banda llena el escenario. No necesitan más. Eso, y sus canciones de rock clásicas: “it’s only rock’n’roll, but I like it!” M. R.

Lo de Thee Oh Sees en el escenario ATP, fue casi un festival en él mismo. Los de San Francisco hicieron gala de su rock sin refinar, casi directo de fábrica, ante una nada despreciable audiencia que no tardó en contagiarse de la energía de John Dwyer y los suyos. Garage, punk, psicodelia a ratos y una capacidad innata de organizar fiestones en menos que canta un gallo. Muy grandes. M. C.

Pocos más del centenar fuimos los que elegimos ver a Dominant Legs en vez de otras propuestas mayores que coincidían a la misma hora. Pero sabíamos lo que íbamos a ver y fue exactamente lo que el dúo de San Francisco (convertido en cuarteto para el directo) nos dio. Es uno de los debuts más frescos de los últimos años, y su pop de corte ochentero con influencias de Aztec Camera es fácilmente bailable y coreable. Sobre todo, hits de la talla de Hoop Of Love o la deliciosa About My Girls. Para comérselos. F. C.

Desde el corralito de los VIPS, a pocos metros del escenario y ante un público mermado por el doloroso solapamiento con Franz Ferdinand, veía al señor J. Pierce de Spiritualized salir a escena vestido de blanco y tras unas grandes gafas de sol.  Acompañado por dos chicas negras a los coros, empezó fuerte con Hey Jane. 45 minutos de calidad sonora en el escenario Mini, de un concierto de atmósfera hipnótica que fue ascendiendo con grandes temas como Walking with Jesus de Spacemen 3 o Mary, llegando a la grandiosa Ladies and Gentlemans We Are Floating in Space. Así me sentía yo, y feliz de estar ahí aunque en la otra punta Franz Ferdinand rascaban sus guitarras. Al cabo de tres cuartos de hora Pierce le dio una patada al altavoz, lo tumbó, tiró encima la guitarra y con la misma chulería con la que entró al escenario lo dejó: ¡ahí os quedáis, gente, que yo me largo! Pero a él se lo perdono. M. R.

Contaba Alberto Guijarro que el Primavera Sound busca que su público no dé nada por si sentado: si las confirmaciones metaleras lo consiguieron, tampoco se quedó corto el revuelo creado cuando se supo de la presencia de Franz Ferdinand en este festival de exquisiteces. Pero tantos como alzaron una ceja arrogante con la confirmación de Alex Kapranos y los suyos, y multiplicados por cientos, fueron los que se agolparon delante de ellos esa noche. A pesar que la maldición del escenario San Miguel atacó de nuevo (en esta ocasión, en forma de un resfriado del cantante escocés), los coros del público suplieron su afonía progresiva. Y a pesar que se les pueda achacar esa profesionalidad que roza lo frío, el metrónomo, lo que también aseguran es una diversión constante. Himnos como los de Do You Want To, la lascivia de Michael y obviamente, los coros hooligan en Take Me Out son metralla segura. Para dejarse de postureo y lanzarse al baile, que no le hace daño a nadie. M. P.

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